CRÍTICA DE TÉCNICAS DE MASTURBACIÓN ENTRE BATMAN Y ROBIN DE EFRAÍM MEDINA REYES

Colombiano y escritor. Y no, no es García Márquez, así que sigue probando. Si a la palabra escritor ya se le unen demasiados adjetivos o pensamientos no aptos para sociedades bienpensantes, al añadir la nacionalidad colombiana es para echarse a temblar. Y no haríamos mal, este colombiano no vive la vida para contarla, sino que la cuenta para vivir. Necesita de la literatura para poder comer y como vía de respiración, aunque sea artificial.

Efraím Medina Reyes se burla de su oficio, de los escasos lectores, de lo difícil que es vivir de la cultura, pero a la vez se le adivina un profundo respeto hacia las letras. Así nos va a pasar con todo lo que cuenta, parece posicionarse claramente en un bando, llevándote de la oreja hasta donde él quiere para de buenas a primeras pasarse a la acera de enfrente y quedarse mirándote haciendo la burla. Lo peor de todo es que no lo puedes acusar de chaquetero, ni de ser un hipócrita: en él la contradicción tiene sentido. Totalmente impregnado de sensibilidad urbana, tan pronto te habla de los tugurios por los que anda, como derrocha lirismo en unas cuantas líneas.

Técnicas de masturbación entre Batman y Robin es su última novela, un todo y una nada si se quiere, presentado casi como folletines, diversos capítulos, vivencias, simulacros de guías de autoayuda, todo se entremezcla. Una sensibilidad extrema se destaca en su novela; muchas veces enmascarada con grandes dosis de humor y dura ironía, otras veces tan franca que cuesta mantenerle la mirada.

Así que es una buena propuesta como nuevo objeto de deseo, ya que como él mismo diría: “ el deseo nace de la admiración o el miedo, nunca de la piedad”.