ANTES ME PARECÍA TODO BIEN
ahora todo me parece mal
un teléfono viejo de campanilla
bastaba para hacerme el sujeto más feliz de la creación
un sillón de madera - cualquier cosa
los domingos por la mañana
me iba al mercado persa
y regresaba con un reloj de pared
-es decir con la caja del reloj-
y las correspondientes telarañas
o con una victrola desvencijada
a mi cabañisima de La Reina
donde me esperaba el Chamaco
y su señora madre de aquel entonces
eran días felices
o por lo menos noches sin dolor
Nicanor Parra, Hojas de Parra (1985) |