Permanencias en el lado oscuro
Hay cosas que
no se pueden curar, por mucho que nos empeñemos en ejecutar
grandilocuentes planes sobre mutaciones e injertos genéticos.
No se pueden curar el amor, ni el afán de búsqueda,
ni la pérdida de la inocencia. No se curan las adicciones,
se despistan. “Labios perdidos no dan dirección”
(Chorrito de Plata, 05), el tercer libro del poeta zaragozano
Octavio Gómez Milián trata de cosas para las que
sólo se puede encontrar alivio, distracción o
placer. Para los que no conozcan a Octavio Gómez Milián,
les será fácil imaginarlo, tras la lectura de
este poemario, naufragando en arrabales, regalando caricias
o hincando el pincho según sea el juego al que dedique
su esparcimiento. En pocas palabras, viviendo sus capítulos
con intensidad y manteniendo el tipo. Sus casi tres décadas
de inquietud creativa y comunicadora han dado para dejar tres
años de “Música para camaleones” resonando
en la frecuencia de la zaragozana Radio La Granja, para sacudir
la canallesca de su ciudad con conciertos, fiestas o exposiciones,
auspiciadas por el fanzine cultural “Confesiones de Margot”,
del que es co-responsable, y, cómo no, para escribir.
Su inclinación por Argentina le llevó a vivir
en Buenos Aires, ciudad que inspiró los relatos de su
libro “Piazolla Hora Zero”. Más tarde llegarían
los versos contenidos en “Tendinitis lírica”
(milyunahistorias.com), obra de la que el próximo año
veremos edición impresa. Enrique Bunbury, valedor para
autores aragoneses en más de una ocasión, le ofrecería
la editorial Chorrito de Plata para publicar una nueva colección
de honestidad impresa.
“Labios perdidos no dan dirección”
mantiene la intensidad y el ritmo, y nos descubre a un autor apasionado
y elegante. La influencia porteña empapa aún sus
páginas. “Se
podría decir que todo empezó cuando pasé
de escuchar y leer los clásicos tópicos de la adolescencia,
tipo los beatniks, The Doors... etc., y busqué algo un
poco distinto. Recuerdo que llegaban los primeros números
de la revista Zona de Obras a Zaragoza. Una de sus portadas anunciaba
tres entrevistas: a Sabino Méndez, a Fangoria y a Estelares.
Yo no conocía a Estelares pero los otros sí me gustaban
así que compré la revista y me di cuenta de que
el lenguaje que usaban Estelares me atraía mucho más
que el de Australian Blonde o El Inquilino Comunista, grupos que
no me agradaban tampoco en lo musical. Gracias al Zona descubrí
la cultura latinoamericana, que me pareció mucho más
interesante que la nuestra, tan saturada de influencias anglosajonas.
De Estelares a Charly García, y de éste a Fito Páez,
quien también recomendaba libros así que empecé
a leer a Borges, que era fácil de encontrar aquí.
Más tarde recuerdo que me iba a la biblioteca de Aragón
e introducía “Buenos Aires” en su buscador,
e iba llevándome a casa todos los libros sugeridos, a excepción
de las guías y ese tipo de cosas, claro está. Te
hablo ya del tiempo del “Honestidad Brutal” de Calamaro;
y toda esa parafernalia mostraba una sociedad más moderna
que la que teníamos en España, y más interesante
para mí. Cuando acabé la carrera tuve la oportunidad
de irme para allá una temporada, a estudiar, y esa sí
que fue una gran experiencia. De cuando estuve allí me
queda inspiración para un par de vidas por lo menos. A
ratos todavía uso voces porteñas que encontré
en el ambiente que viví allí. A veces las uso como
una forma de expresar algo que no soy capaz debido a que mis experiencias
no me llegan a tanto”.
Es igualmente probable encontrar
a Octavio Gómez Milián sorbiendo un café
con Cristina Grande, como apurando la madrugada con José
Lapuente. De hecho ambos, escritora y músico, han colaborado
en sus múltiples proyectos, como tantos otros artistas
aragoneses: Sopeña, Algora, Gonso, Bronski,... etc, ya
sea publicando textos o regalando canciones a las versiones digitales,
impresas o de directo de Confesiones de Margot. Es igualmente
probable descubrir a Leo Camaleón, uno de sus alter ego,
agazapado tras los platos de cualquier cabina nocturna zaragozana,
en solitario o pinchando con el colectivo El Diablo Las Carga.
Buena muestra de su acidez estomacal queda reflejada en sus columnas
para el portal aragonmusical.com. Así las cosas, ¿qué
personaje es el responsable de los versos? “Durante
una temporada pudo el personaje sobre la persona, con el Camaleón
y todo ese rollo del Confesiones. En este libro hay mucho mío,
no he tratado de copiar a nadie ni he usado las vivencias de otro.
Evidentemente en algún momento los poemas tienen algún
punto más adornado de lo que fue la realidad. Pero puedo
casi recordar los meses en los que ocurrieron cada uno de ellos.
Es muy honesto y muy personal. Es una especie de diario donde
he dejado los recuerdos que no quiero perder, tanto los buenos
como los malos”.
A pesar de esos buenos momentos,
hay una permanente sensación de pérdida en todos
los versos de “Labios perdidos no dan dirección”.
“Cuando empecé a escribir este poemario estaba
pasando una buena-mala época porque salía de una
época en la que me lo estaba pasando de maravilla, porque
estaba con tres mujeres que eran una delicia. Cada una tenía
su ámbito en mi vida. Pero ese era el problema, que eran
tres las mujeres. De pronto me vi sin ninguna, cada una me mandó
a la mierda por diferentes motivos. Y desde entonces no me ha
ido muy bien en lo sentimental así que ha sido una época
muy fructífera en el terreno creativo. No es algo trágico.
También refleja una sensación de decadencia que
yo percibo en la sociedad actual, y que yo, desde luego, disfruto”.
Superada la resaca de la fiesta-concierto
de presentación del último número de Confesiones
de Margot, en la zaragozana sala La Casa del Loco, así
como la presentación acústica de este libro a cargo
de músicos aragoneses, Gómez Milián se plantea
ya su próximo reto creativo. “Tengo en mente escribir
relatos cortos, prosa poética, pero eso exige una depuración
que espero alcanzar en algún momento cercano. En cambio
el poema te da una libertad absoluta, nadie te marca los esquemas
y te permite ser tan lírico como quieras, no tienes que
marcarte comienzo, desarrollo y final, ni siquiera contar una
historia. Puedes dibujar viñetas que es lo que realmente
me gusta hacer. Ahora he vuelto a la prosa, a la idea buena y
a tratar de desarrollarla correctamente. Actualmente estoy corrigiendo
el manuscrito de mi próximo libro, que será editado
por Devenir. No lo duden, si tienen a mano este volumen, léanlo
y si se encuentran con su autor deténganse a compartir
unos vinos. No se arrepentirán. Mertxe V. Valero.
|
| |
|