Nuestro encuentro con Labordeta
Por el equipo del mil
Llegamos preparados,
con la lección en el bolsillo derecho y una bonita
sonrisa a mano, la simpatía tiene su importancia.
Habíamos concertado una cita por teléfono,
ese fue el primer contacto con una de las figuras más
conocidas y queridas al este del Moncayo. Puedes visualizarlo
con una mochila o sentado en el congreso, charlando
con amigos o en una manifestación... y su voz
no te deja indiferente.
Nos
invita a su casa y en lo que parece su despacho de trabajo,
rodeados de libros y revistas y papeles, nos ofrece
su apoyo y colaboración, nos ofrece su Tierra
sin mar. Nos dejamos llevar por su consejo, anotamos
nuevos contactos y regresamos a pie de obra, a la Zaragoza
amada y odiada de Labordeta.
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