MIRANDO SE ENTIENDE LA GENTE

Ya me canso de rumiarlas, mi niña, así que me gustaría decirte algunas cosas mientras manejas el ratón con una soltura de la que afirmas carecer ante los vecinos, en la cola del pan. Por ejemplo, que tras tanto tiempo compartiendo tu vida conmigo, aún te domina un pudor algo incongruente. No se comprende, si no, que cierres la puerta del baño para ducharte y luego te quites el albornoz en la habitación, junto a la silla de la que coges la ropa; o que, en verano, te pongas una camiseta de tirantes, sin sujetador, y enseñes las tetas al agacharte. A mí me da igual - incluso lo prefiero - aunque, para eso, más te valdría ir como la vecina de al lado, que sólo se quita el bañador para salir a la calle. En cambio, no te da vergüenza amontonar la ropa sucia por los rincones, con lo que molesta a la vista, o ventilar el dormitorio sólo los domingos, lo que no escapa al control de la vecina calurosa, que luego lo casca en la cola del pan cuando te has ido. Esto dificulta la convivencia y me gustaría hablarlo contigo, pero otro día será, porque te ha entrado el sueño y has bajado tu persiana, y yo también voy a bajar la mía, que mañana toca madrugar y por hoy se acabó lo que se daba.