EN EL ARCÉN DE LA COSTUMBRE

"Son las cinco menos cuarto de la tarde y continuáis en Radio Almudévar con Perla y su tarot, dispuesta a desvelaros el futuro a todos los que llaméis a nuestra emisora; recordad el teléfono: 29 51....". El conductor del Lancia sonríe y separa los dedos del dial, tras varios minutos sintonizando partidos de fútbol, Tíovivos deportivos y Tableros del aficionado, - sin olvidar la omnipresencia de Supermatías, el pope -, que cubren la banda de FM en las tardes del domingo, dejando escasos huecos por los que penetran los Cuatro principales, (cuatro canciones que se repiten sin cesar durante las veinticuatro horas), Cadena piar con sus gorgoritos rumberos y, en el extremo izquierdo de la franja, una de música clásica apenas audible y que le produce sopor al conducir. Tienta el paquete de tabaco por los bolsillos de la americana que yace en el asiento de al lado, enciende un cigarrillo y, tras darle una calada, lo deposita en el cenicero. Se acomoda al respaldo, dispuesto a solazarse con los incautos que confían en estos charlatanes, y calcula que al menos hasta Zuera, veinticinco kilómetros llanos sin otras emisoras por medio, podrá escuchar esta Radio Almudévar, una onda local de potencia débil. Además, pronto llegará a la altura de un trailer incómodo, - esos que circulan al límite de velocidad permitido -, y adelantarlo supondría exponerse a una fotografia del radar y a recibir, por correo certificado, la multa en su domicilio, algo que no le conviene en absoluto; instalará, por ello, el Lancia en el rebufo del trailer, acompasará su velocidad a la de éste y disfrutará con las intimidades que algunos relaten, igual que de pequeño escuchaba las conversaciones con el oído pegado a los tabiques, sin ser visto.

-... Muchas gracias por tu llamada, Mario, y ojalá se aclare esa relación tan ambigua.

" Vaya, la bruja tiene una bonita voz; andará por los veintipocos y no debe lucir mal tipo; el coqueteo casi imperceptible, bien dominado, de alguien acostumbrada a intimar con hombres la delata, y no acumularía experiencias si no estuviese buena. Por el acento no parece de aquí sino del centro, de Madrid probablemente; una madrileña que viva en Huesca o Zaragoza y se divierta los domingos haciendo sus pinitos en la radio, aunque sea con este engañabobos. Tal vez busque tablas para dar el salto a otra emisora mayor y vivir del pico, presentando algún magazine o como locutora de noticias locales. Y qué coño me importará a mí todo eso; claro que, ya puestos, podría llamarla desde el móvil, a ver qué pasa; quién sabe, a lo mejor consigo algo positivo; ella también conoce a los hombres por el tono de su voz, sólo hay que oírla, y yo seré un tipo de comunicante distinto a los otros; tal vez le interese la novedad e intente una cita para después del programa, a estos periodistas les sobran trucos para conseguirlo sin que los oyentes se percaten; ya buscaría luego una excusa con la que justificarle a Pilar mi retraso. Además, esta emisora no se sintoniza en Zaragoza y por aquí nadie me conoce; será cuestión, por si acaso, de utilizar un nombre falso ".

El Lancia verde - dieciséis válvulas, línea llamativa que imanta a los niños, todas las prestaciones posibles- ya se ha colocado detrás del trailer, reduciendo ambos la velocidad al cruzar el casco urbano de Almudévar; el conductor aprovecha para marcar el número de la emisora y vislumbrar a ráfagas ese pueblo, la Burtina de los ilergetes y los romanos, cuyo nombre significa en árabe el redondo , quizás en referencia al cabezo que la preside. Él ignora estos datos, por supuesto, y de conocerlos le importarían un bledo; nunca la ha pisado, a pesar de las docenas de veces que la ha rozado con el coche, siempre de paso hacia Huesca, como tampoco valoraría el que su voz vaya a sonar, por primera vez, en un enclave casi trimilenario; para él, estas techumbres dispuestas en retícula bajo la ermita sólo encarnan la posibilidad de un placer o de un divertimento fugaz, de una mujer, algo extensible a todo el paisaje que divisa entre Huesca y Zaragoza, personificado en un nombre: Lucía. Por Lucía inventa, a menudo, negocios que lo llevan a otras poblaciones cercanas. Hoy, por ejemplo, al abandonar la ciudad oscense de vuelta a casa, ha telefoneado a Pilar para comentarle su próxima llegada, las impresiones del día y lo despejada que va la autovía, en esos momentos, por los alrededores de Calatayud.

- Bueno, parece que tenemos una nueva llamada en antena, buenas tardes.

- Hola, Perla.

- Vaya, vuelve a tocarnos un chico, ¿cómo te llamas?.

- Mario, como el anterior oyente.

- Mira que casualidad, ¿cuántos años tienes, Mario?.

- Treinta y tres.

" Así, con unos años menos, ni demasiado joven ni carroza ".

- ¿Y desde dónde telefoneas?

- Desde Sangarrén.

El conductor se felicita por sus reflejos mentales; era una pregunta demasiado evidente, - un rito habitual en cualquier programa de radio abierto al público -, pero no tenía a mano ninguna respuesta; No quería traslucir la verdad - algún conocido que bajase de la montaña tal vez circulara por las cercanías -, ni tampoco negarse a contestarla y forzar un distanciamiento en el primer asalto. Por fortuna, ha recordado el nombre que figura en un hito a la entrada de Huesca, un pueblo que nunca ha visto pero intuye vecino de éste.

- Bueno, Mario, tú me dirás que deseas saber.

- De todo un poco y nada en particular. Llevo una vida un tanto aburrida y quiero ver si el futuro cercano me reserva algo excitante.

- Vale. Dime cuatro números entre el uno y el veintidós.

- El uno, el nueve, el quince y el veintidós.

- ... y veintidós; muy bien, voy a volver los naipes y a sumar sus cifras para hallar la quinta carta; veamos, uno más dos, tres, más dieciséis, diecinueve más... Caramba, el Loco, bueno, diecinueve.

- Oye, lo de el loco no irá por mí, ¿verdad?; aún no lo estoy del todo.

- No te preocupes, es una carta del tarot, ahora te explicaré su significado; a ver, decía que diecinueve en total, o sea, uno más nueve...

" Todavía se hace rogar y no entra al quite, ¡tampoco tendrá horas de vuelo, la putilla! "

- Bueno, Mario, ya tenemos los cinco arcanos dispuestos. Desde luego, es la tirada más compleja que recuerdo desde que interpreto el tarot en este programa, aunque también la más atractiva. En fin, vamos allá. Como primera figura hallamos al Mago. El Mago simboliza al consultante y ocupa el espacio de afirmación, de lo que juega a tu favor. Nos revela a una persona segura de sí misma, con voluntad para alcanzar metas y dotado de un magnetismo que puede utilizarse tanto para convencer noblemente como para engatusar a crédulos... o crédulas.

" Ya comienza a entrar en el juego, a tantearme. "

- ... En cualquier caso, en esta posición, el Mago siempre anuncia que muy pronto tu vida va a dar un giro radical; entrarás en un ciclo totalmente distinto al que ahora vives.

- ¿Será un cambio positivo o negativo?.

- Por ahora no puedo precisarlo con certeza, pero la segunda carta es la Sacerdotisa. La Sacerdotisa representa a una mujer sagaz y sensitiva, y su posición en el tarot nos augura que alguien así va a jugar un papel muy importante en ese cambio de vida que antes mencionaba.

" ... Y sólo te falta añadir: ese alguien será una chica joven, que echa las cartas en un programa de radio y desde él comienza a flirtear contigo... Así me gusta bonita, que seas clara. "

La luz de cruce de un coche que pretende adelantarlo advierte al conductor del Lancia que, abstraído con el teléfono, circula con la ruedas de la izquierda sobre la raya discontinua, por lo que gira el volante con suavidad hasta arrimarse al límite del arcén.

- La tercera carta es la más enigmática: el Loco. Mario, ¿tú estás casado y tu matrimonio no funciona demasiado bien, verdad?.

- Sí. " Mierda, ha ido tan directa al grano que no he podido evitar la respuesta ".

- Te lo digo porque el Loco parece aludir, en este contexto, a una amante, pasada o por venir, que llevaría implícita una situación desagradable. Lo confirma el cuarto arcano, la Torre que se derrumba; ésta anuncia desde rupturas y engaños si hablamos de sentimientos, hasta accidentes si hablamos de viajes.

El conductor del Lancia mueve con rapidez el pie derecho, que suelta el acelerador y presiona ligeramente el pedal del freno. Cada vez más embebido en la conversación, se había acercado con peligro al trailer, hasta casi rozar su carga trasera. Pasado el susto, mientras fuma y trasvasa sus nervios al cigarro, sonríe al pensar en la pitonisa: nunca sospechará que, por una vez, ha estado a punto de ser clarividente en sus pronósticos.

- ...En todo caso, algo puede venirse abajo en tu vida Mario..., si no se ha caído ya. Esta amante que se avecina no será la primera, ¿me equivoco?.

- Por supuesto que no, ni la segunda, aunque me gustaría que fuese la última.

- Pero con alguna de las anteriores has vivido una relación con final traumático, ¿no?.

- ¿Qué entiendes por un final traumático?.

- Una ruptura dolorosa por... un embarazo, quizás un aborto.

El conductor da un respingo y revive, en décimas de segundo, el rostro de Laura y las baldosas verdes del baño, en su piso de la periferia madrileña. Las recuerda porque eran idénticas a las de la sala del hospital donde la vio por última vez, ya cadáver, tras el aborto fallido. La había conocido un año antes, durante un viaje de trabajo - real - a un hipermercado, desde cuyas oficinas se dominaba toda la planta de compras, con la fila de cajeras en primera línea. Mientras el gerente estudiaba los flecos de su oferta, él escudriñaba, pegado a los cristales, la vanguardia de chicas con escotes generosos que marcaban precios unos metros más abajo. Se fijó en Laura, aparte de que el conjunto sobresalía, porque desde su posición le ofrendaba unos centímetros de muslos altos, entre la caja y el borde de la minifalda, ya unidos en la línea de carne que preludia la entrepierna. Le picó el deseo y decidió probar suerte a la salida, en la que ambos coincidieron. Nunca analizó si la ingenuidad de Laura, - poco más que una niña, la mujer que menos le ha costado seducir -, le conminó, por instinto, a tratarla como un padre bondadoso, o le despertó la ternura, la única forma de amor posible para él, pero durante un año hubo momentos en que meditó, con cierta seriedad, cumplir la promesa que suelen repetir los maridos a las amantes: dejar a la mujer e irse a vivir con ella, ceremonial que, por supuesto, había reiterado a las anteriores sin el menor asomo de ejecución. Volvió a la realidad el día que le anunció su embarazo con los ojos encendidos. La amenazó con no reconocer al hijo y abandonarla, amparándose en dudas ficticias sobre su paternidad; al final, Laura accedió a un aborto en una clínica particular, cuyo director, amigo suyo, falsificó los certificados oportunos. Todo salía bien hasta que una alergia imprevista a ciertos antibióticos, que ella desconocía, le produjo una reacción y la muerte. Él tuvo que buscar el teléfono de la familia, ignorante de todo, y tras dejarles un mensaje en el contestador, identificándose como empleado del hospital, desapareció de la escena. El director se encargó de explicar a sus padres, según le contó más tarde, la verosímil historia de una muchacha que quiso enmendar un desliz y tuvo mala suerte, relato que, al parecer, creyeron o tragaron a la fuerza, ya que la policía dio carpetazo al asunto tras nimias indagaciones.

- Sí, en el pasado una relación tuvo un fin traumático, pero ya lo he olvidado y comprenderás que no me apetezca remover aquello; menos en antena.

- Lo comprendo perfectamente, Mario, pero entiende que para predecir tu futuro debo cerciorarme antes de ciertos capítulos de tu pasado, al menos de los episodios que aquí me desvelan las cartas. En todo caso, el último arcano, la síntesis o solución a tu pregunta, es la Muerte.

- Comienzas a asustarme.

- Espero que no existan motivos; la Muerte puede ser física, espiritual... o ambas a la vez; volviendo al tema que nos ocupa, la única lectura posible en esta combinación es la de un aborto con muerte física de la madre, que implicaría tu muerte espiritual, ¿no es así, Mario?.

Mientras la escucha, el conductor descubre que suda y las manos le resbalan por el volante; lo atribuye a un exceso de calefacción, por lo que las seca sobre la pernera y procede a reducir la temperatura. Este gesto le ocupa apenas dos segundos, pero, con los reflejos embotados por los aciertos de la pitonisa, son suficientes para no advertir que el trailer se desplaza a la izquierda, sin echar los intermitentes, al adelantar a un tractor que circula a medias por el arcén y a medias por la carretera. El conductor, al levantar la vista, sólo alcanza a ser testigo privilegiado del choque: observa como la teja metálica del arado, que cuelga en la parte trasera del vehículo, se encalla en la chapa de su automóvil, avanza incontenible por ella, rompe el parabrisas y se transforma en una lámina gigante que duele; esto último, en realidad, no lo ve: lo siente. Un transeúnte que contemplara la escena vería como la teja, tras romper el parabrisas, destrozaba el pecho y la cabeza del hombre, pulverizaba el asiento y seguía arrasando la mitad posterior del coche, mientras la delantera se engastaba en el tractor y ambos se convertían en una especie de siameses mecánicos.

- ...bien, parece que hemos perdido la comunicación con Mario. Son las cinco en punto de la tarde así que, por hoy, no damos paso a más oyentes; el próximo domingo os espero de nuevo aquí, tras las noticias de las cuatro, para desvelaros el futuro con el tarot; no faltéis, chao.

Mientras recoge la baraja, Perla aún se lamenta por no haber retenido la última llamada. Desde el saludo inicial había reconocido la voz, la misma voz tantas veces oída en el contestador de su hermana, donde dejaba los mensajes de tortolito que ésta le mostraba, encandilada, y que a Perla siempre le parecieron de una cursilería malévola, perfectos para seducir a una ingenua como Laura; la pequeña Laura, muy independiente porque logró trabajo en un supermercado, lo que le permitió mudarse sola a un piso minúsculo y cochambroso de un suburbio, pero incapaz de ocultar su endeblez de adolescente al primer avispado que la tratara, en este caso, un empresario maño con el clásico cuento del matrimonio fracasado y del la dejo por ti, bonita . Fue también esa voz la que avisó de su muerte, en casa de sus padres; ni siquiera entonces tuvo el valor de identificarse. Aquel día se prometió a sí misma vengarla, si el azar se lo permitía. Cuando años más tarde recaló en Zaragoza, incluso contrató un detective para localizarlo, sin éxito - Laura nunca le dijo su nombre, en realidad dudaba que llegara a conocerlo -. Hoy tuvo la ocasión en bandeja y la desperdició por exceso de prudencia, a pesar de no cometer errores en el montaje de las cartas, eligiendo sobre la marcha las idóneas y deslizando con tiento las preguntas, maestra en la insulsa naturalidad de los locutores. Al arrancar el coche y enfilarlo a Zaragoza, enmarcados en el crepúsculo los tejados de Almudévar en una imagen que cada domingo paladea, no deja de pedirle al azar que vuelva a mostrárselo, aunque sea como esta tarde, de improviso, en el arcén de la costumbre, cercano pero invisible.