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LA SOLEDAD DEL LOBO

Alguien del pueblo le dijo al Poeta que el último lobo que quedaba en la comarca estaba viviendo en una casita de techo rojo y paredes encaladas, con una chimenea por la que se escapaba una columna de humo que luego, al llegar al cielo, se enroscaba en forma de corazón.

- Vamos a ver que tal lobo es ése -se dijo el Poeta, preparando su bloc de notas y su lápiz rojo. -Vamos a ver si es digno sucesor de sus feroces antepasados.

Y ni corto ni perezoso se dirigió hacia la casita de paredes encaladas.

- Adelante -le invitó el lobo, abriéndole la puerta- Pase y siéntese junto al fuego. Dígame en qué puedo servirle.

- Quería conocerle personalmente -le explicó el Poeta- Ya sé que no es normal que la gente de bien -y yo me tengo por hombre de bien- quiera conocer personalmente a una criatura con tan mala reputación como la suya. A mí, sin embargo, me interesaría hacerle algunas preguntas.

- Adelante -le invitó el lobo, clavando su mirada de fuego en el Poeta y pensando que, para cultivar la poesía, aquel hombre estaba demasiado gordo.

- Mi primera pregunta es la siguiente -le dijo el Poeta- Algunos psicoanalistas, que como usted sabe, son aficionados a sacarle la punta a todo, nos dicen ahora que el famoso cuento de Caperucita Roja -en el que un hermano suyo desempeña un papel protagonista- podría simbolizar nada menos que la primera menstruación e incluso el descubrimiento de la sexualidad. ¿Qué piensa usted al respecto?

- Pues opino que sí, que tienen razón los psicoanalistas que suponen eso -le contestó el lobo-. A mi colega le correspondería el papel de macho agresivo y el acto de devorar a Caperucita significaría el acto sexual.

- Dígame ahora que piensa de Caperucita -le pide el Poeta- ¿Cree usted que fue ella la que, con una excusa tan inocente como la de llevar la merienda a su abuelita, fue esparciendo sus feromonas por todo el bosque, esperando atraer a los más bellos pastores de la comarca?

- Eso ya no lo sé -responde el lobo-. No lo sé, porque yo no estaba allí. Debería usted preguntárselo a mi colega, el del cuento. Seguro que él podría darle alguna información al respecto.

- A aquel lobo le mataron los pastores, recuérdelo -suspira el Poeta- Hace muchos años que ya no existe.

- Pues también a mí me mató hace años la soledad -responde el Lobo- También yo estoy como muerto. Después de tantos años de vivir solo en esta casa, protegido por todos los ecologistas del país, he olvidado ya el olor de las hembras.

El poeta comprendió por fin que aquel animal de feroz aspecto sentía demasiado triste para responder adecuadamente a sus preguntas, así que le dio las gracias y le dejó otra vez solo en su casita de renta limitada.


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