EMPIRE STATE BUILDING

"Mario Moreno 'Cantinflas', muerto, enterrado, ¿quién heredó sus objetos personales? Su casa, ¿qué ha sido de ella? Warhol, muerto, dónde sus cepillos de dientes, ¿dónde están? ¿Quién tiró a la basura sus colonias, su ropa interior, sus peines? Primo Levi, muerto por su propia mano, ¿dónde sus nítidos recuerdos del Lager de Auschwitz?, ¿dónde está enterrado?, ¿dónde están sus gafas?", en todo esto estaba pensando mientras paseaba por la Avenida de Valencia. Me quedé mirando el Hospital Clínico Universitario: lo estaban rehabilitando. Cuando vine a Zaragoza, en 1980, fue lo primero que vi. Lo había construido Franco. El edificio está viejo, por eso lo están rehabilitando. En las fiestas de la ciudad de 1980 compré un enorme póster de Ciencia Ficción. Fui a ver los Fuegos Artificiales. La brisa del Ebro me gustó. Me gustó la Semana Santa de 1981, la gente iba con palmas en las manos. La Zaragoza de 1980 era muy distinta de la que luego conocí. El Hospital Clínico Universitario -conocido popularmente como "El Clínico"- es una torre humana de mi memoria. Estaba allí cuando era estudiante, cuando comía allí por trescientas pesetas, cuando regresaba a casa por las noches. Está allí cuando atravieso la ciudad con mi coche. Recibe el angustioso sol de los veranos, el frío raquítico de los inviernos. Es la gran obra de arte de esta ciudad a lo largo de sus últimos cuarenta años. Lo que pase dentro no importa, importa nada: la vida y la muerte. Yo me refiero al edificio por fuera. Parece el Empire State Building, nuestro pequeño Empire State Building. Vete una tarde de julio, un domingo, a las tres de la tarde, cuando el calor es injusto y abominable, y verás como resplandece, movido por el sol, por la tristeza, por el timpo. Resplandece, fulge, abrasa. La de gente que ha muerto allí dentro, o mirándolo desde fuera: recuerdo de todos los domingos. Mi memoria es memoria de domingo.

Zeta, así la llamaré, es una ciudad de domingos cristianos, aburridos, malignos, barrios preñados de fantasmas con una mala fe católica, familias enteras que van de visita -domingo por la tarde- al Empire State Building, o sea, al Hospital Clínico Universitario. Desde que llegué aquí estoy alucinando. El domingo, las tres de la tarde, el verano, el mes de agosto, primeros de agosto, el Hospital Clínico, la gente muriéndose dentro, tomando confesión, recuerdos del barrio de Delicias, de Las Fuentes, de Torrero, del Arrabal, pecados, memorias, aguas difuntas. Sácame de aquí, pero vivo, no me saques muerto. Dime cómo se sale del Empire State Building.

Abro el armario de mi padre, donde él guarda sus viejas americanas y sus camisas, abro ese oscuro armario y dentro resplandece el Empire State Building. Abro la puerta del Empire State Building y dentro se ilumina el Hospital Clínico Universitario de Zaragoza. Abro la puerta del Hospiral Clínico Universitario de Zaragoza, y dentro está mi padre, agonizando en una habitación, en una fea habitación demasiado compartida.

-En que puedas, hijo mío, lárgate de aquí.


Manuel Vilas, Zeta