¿Y SI...?

- Bienvenido, caminante, a estos parajes. La tía Casca, la bruja de Trasmoz, te saluda.

- ¿Quién va?


- Mi espíritu.

- No comprendo.

- Querido caminante, buscas la paz y el sosiego en estos territorios, pero has de saber que esta es tierra de brujas.


- ¿Quién anda ahí? Descubríos.

- Quieres una imagen, pero no la hallarás. Soy solo espíritu. Siénteme, percíbeme, escúchame.


- No puedo dar crédito a un relato que no sé de donde proviene.

- ¿No crees en Dios y en su Revelación?


- Por supuesto. Soy hombre creyente y de sanas costumbres.

- Pues yo soy como Él, espíritu que se hace palabra, no busques mi imagen.


- ¿Qué queréis de mi?

- Tu pluma. Pon tu literatura a mi servicio.


- ¿Por qué he de hacerlo?

- Porque, a pesar de tus alardes de racionalidad, en el fondo estás convencido de que existe algo más que se te escapa, una realidad suprarracional dominada por los sentimientos, las pasiones, las sensaciones y las emociones.


- ¿Qué queréis que cuente?

- La historia de la fundación del castillo de Trasmoz.


- Os escucho ansioso.

- Sucedió en la época de los “moros”. En las proximidades de este lugar, un anciano se encontró con el rey y le solicitó que le hiciera alcalde del castillo de esta plaza a cambio de que él le entregara las llaves de oro de la fortaleza. El rey pensó que era un pobre loco, pues aquí no había castillo ni edificación alguna que pudiera ser tomada por tal y, apenado por el descuidado aspecto del viejo, le entregó unas monedas como limosna.


“Esa misma noche, el anciano invocó a las fuerzas ocultas y por medio de la magia negra consiguió que un ejercito de seres espectrales construyera antes del amanecer una imponente fortaleza. Por la mañana se presentó ante el rey y, como había prometido, le entregó las llaves. El monarca, incrédulo, deshizo el camino andado para contemplar con sus propios ojos el profigio y, finalmente, convencido de que todo era real y no fruto de sus imaginaciones, se vio obligado a otorgar la alcaidía al anciano”.

- ¿Por qué es tan importante que yo transmita todo esto?

- Porque es necesario que quede constancia de que el castillo de Trasmoz es sede de las brujas de esta comarca. Su creación fue posible gracias a la colaboración de todas las fuerzas ocultas orquestadas por el anciano nigromante y ni siquiera aquel cura, el tío de la Dorotea, fue capaz de expulsarnos.


- ¿Quién es la Dorotea?

- Una pieza clave en esta historia, el instrumento que permitió rescatar la fortaleza y todo este pueblo sacándolo de la influencia del cura que lo asperjaba con agua bendita cada noche.


No, así no. Si lo cuento de este modo nadie en Madrid me creerá y me tomarán por un demente: “¡Pobre Bécquer!, la soledad le ha trastornado”, será el comentario general. Lo redactaré a modo de epístola, sustituiré a la tía Casca por un pastor y todo será coherente y ajustado a los parámetros de la razón que impera en nuestro tiempo.