¿Y SI...? - Bienvenido, caminante, a estos parajes. La tía Casca, la bruja de Trasmoz, te saluda. - ¿Quién va?
- No comprendo. - Querido caminante, buscas la paz y el sosiego en estos territorios, pero has de saber que esta es tierra de brujas.
- Quieres una imagen, pero no la hallarás. Soy solo espíritu. Siénteme, percíbeme, escúchame.
- ¿No crees en Dios y en su Revelación?
- Pues yo soy como Él, espíritu que se hace palabra, no busques mi imagen.
- Tu pluma. Pon tu literatura a mi servicio.
- Porque, a pesar de tus alardes de racionalidad, en el fondo estás convencido de que existe algo más que se te escapa, una realidad suprarracional dominada por los sentimientos, las pasiones, las sensaciones y las emociones.
- La historia de la fundación del castillo de Trasmoz.
- Sucedió en la época de los “moros”. En las proximidades de este lugar, un anciano se encontró con el rey y le solicitó que le hiciera alcalde del castillo de esta plaza a cambio de que él le entregara las llaves de oro de la fortaleza. El rey pensó que era un pobre loco, pues aquí no había castillo ni edificación alguna que pudiera ser tomada por tal y, apenado por el descuidado aspecto del viejo, le entregó unas monedas como limosna.
- ¿Por qué es tan importante que yo transmita todo esto? - Porque es necesario que quede constancia de que el castillo de Trasmoz es sede de las brujas de esta comarca. Su creación fue posible gracias a la colaboración de todas las fuerzas ocultas orquestadas por el anciano nigromante y ni siquiera aquel cura, el tío de la Dorotea, fue capaz de expulsarnos.
- Una pieza clave en esta historia, el instrumento que permitió rescatar la fortaleza y todo este pueblo sacándolo de la influencia del cura que lo asperjaba con agua bendita cada noche.
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