ESTÉTICA Y ACTITUD: AMÈLIE NOTHOMB
Ana María Pinar
"J'avais seize ans. Je ne possédais rien, ni biens matériels, ni confort spirituel. Je n'avais pas d'ami, pas d'amour, je n'avais rien vécu. Je n'avais pas d'idées, je n'étais pas sûre d'avoir une âme. Mon corps, c'était tout ce que j'avais."
De Antéchrista
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Lo que más sorprende la primera vez que coges un libro de Amèlie Nothomb son las cubiertas: la tez pálida con labios de rojo carmín de Estupor y temblores (Stupeur et tremblements, 1999), el laberinto en verde de Higiene del asesino (Hygiène de l'Assassin, 1992), la fotografía rasgada sobre un fondo rojo de Cosmética del asesino (Cosmétique de l'ennemi, 2001) te dan un hachazo en la cabeza como bien decía el bueno de Kafka.
Amèlie Nothomb ha revolucionado la literatura francesa. Sin embargo fue Japón el país que la vió nacer; en Kobé (Japón), una de las ciudades más occidentalizadas del imperio del sol naciente, vivió hasta los cinco años de edad. De padre belga y viajero, escritor y embajador, ella bilingüe, escritora y agitadora de mentes: no está mal en una sola familia. Amèlie solo vivió hasta los cinco años en tierras niponas pero el influjo de la cultura y las maneras calaron bien hondo en ella y cuando se trasladó a Bruselas, donde actualemente tiene fijada su residencia oficial, el shock fue importante.
Otra de las perlas de Nothomb es la elección de apelativos para sus personajes, otro auténtico hachazo. Plectrude y sobre todo Textor Texel son dos nombres que quedan grabados en cualquiera que haya ojeado los libros de Amèlie. Las atmósferas grises y los ambientes de crisis y tensión, los personajes excentricos pero reales, las historias truculentas, los tratamientos adecuados y...
El éxito de ventas. Desde la primera de sus publicaciones, esta casi-nipona triunfa por donde pasa. Y no para de moverse. La Woody Allen de la literatura, Amèlie Nothomb, escribe a un ritmo de libro por año. No te pierdas Antichrista, la última de sus novelas.
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