El 1 de abril de este año el Círculo de Lectores de España presentó Fiesta bajo las bombas. Los años ingleses de Elias Canetti (1905-1944), escritor de origen búlgaro hijo de una familia judío-sefardí, del que se celebra este año el centenario de su nacimiento. Este libro es el primer volumen de una colección de cinco, de los cuales tres se publican este año, y el resto en 2006.
Estos apuntes, feroces juicios literarios y retratos más o menos crueles de personajes célebres y anónimos, repasan los años que Canetti pasó en Londres, donde huyó de la Austria nazi, en 1939, después de la Noche de los Cristales Rotos, y que no abandonaría hasta 1988.
Bertrand Russell, Arthur Waley, Iris Murdoch, y otros artistas, políticos, millonarios, amigos y amantes de la sociedad británica de las décadas de los años 40 y 50 pasean por las páginas de este satírico y mordaz libro que descubre una cara del escritor oculta hasta ahora, llena de odio, la cara de “uno de los grandes odiadores de la historia”, “maestro de la ira y de la queja” en palabras de Ignacio Echeverría, responsable de la edición española en Galaxia/ Círculo.
Sus textos completos, sin embargo, no los conoceremos hasta el año 2024, cuando se cumplan los treinta años de su muerte, como él mismo decidió. ¿Qué otras sorpresas ocultarán esos archivos? Ya sólo quedan diecinueve años…
Elias Canetti fue ganador del Premio Nobel en 1981 y uno de los grandes pensadores del siglo XX. Auto de fe (1936), su primera y única novela; los ensayos Masa y poder (1960), El otro proceso de Kafka (1969), La conciencia de las palabras (1975) y La lengua absuelta (1977); y seis libros de notas y aforismos, Notas (1948), Toda esta admiración dilapidada (1960), La provincia del hombre (1972), El corazón secreto del reloj (1985), El suplicio de las moscas (1992) y Desde Hampstead (1994) son los títulos de sus páginas más conocidas, en las que el saber, el pensar y el escribir son las armas infalibles contra el odio y la muerte. De todos modos, después de leer Fiesta bajo las bombas, podemos buscar otros sentidos a sus palabras... Aquí tenéis un fragmento para ir degustando...
"Pascua, 1960. Un día cálido como de verano. Un día de sur. Un domingo lleno de individuos indolentes en el calor. Leo aquí y allá, en éste y en aquel idioma: anteayer Demócrito, ayer Juvenal, hoy Montaigne, hace unos días poemas de Tasso. No tengo ni rabia ni ansiedad. Hablo con personas que encuentro por accidente. Desde que el libro se publicó, reina el silencio total. Primero estaba sorprendido, acaso un poco intranquilo, ahora me habita el silencio y soy feliz. No voy a ninguna parte, no sé dónde comenzar. Aguardo el rayo y la voz poderosa. No me he liberado de todo lo que escribí hasta ahora. Ningún recuerdo me seduce, ninguna meta me llama. A veces lamento que mi alma no se haya vestido con el idioma inglés. Aquí he vivido veintidós años. Escuché a muchas personas que me hablaban en el idioma del país, pero nunca los escuché como si fueran escritores, sólo las entendí. Mi propia desesperación, mi asombro y mi delirio nunca se sirvieron de palabras inglesas. Lo que sentí, lo que pensé y dije, lo escribí en palabras alemanas. Cuando me preguntaron por qué era así, siempre tuve razones convincentes. El orgullo fue la más importante, el orgullo en el que creía. Hoy me seduce la idea de comenzar una vida en un nuevo idioma. Amo el lugar donde vivo más que cualquier otro. Me resulta tan familiar como si hubiese nacido aquí. A fuerza de ser un eterno extranjero, soy el más auténtico de sus habitantes. El divorcio entre esta patria y mi soliloquio es perfecto."
Tomado de Toda esta imaginación dilapidada (1960)
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