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Como lo prometido es deuda, Mil y Una Historias se acercó ayer tarde a la Biblioteca de Aragón para asistir al segundo encuentro del ciclo "Escritores en las bibliotecas". En esta ocasión, José Luis Acín presenta a Julio Llamazares ante un público que no ha dejado ni un asiento sin ocupar.
En la presentación se hace un repaso de su vida, su trayectoria literaria y se destacan dos obras, La lluvia amarilla, por su relación con Aragón y Cielo de Madrid, el nuevo libro del autor. Las obras de este destacado escritor han sido traducidas a numerosas lenguas entre las que cabe destacar el aragonés y recientemente el oc. José Luis y Julio conducen el encuentro en un diálogo que hace las delicias de los asistentes, con anécdotas que arrancan carcajadas por doquier y en la que se plantean cuestiones tan interesantes como la labor del escritor, la búsqueda del éxito, la inspiración, el reflejo del autor en su obra, la importancia del paisaje...
Julio nos habla de un proyecto que tiene entre manos, un libro de viaje o un viaje que acabará en libro, que recorre las catedrales del país. Próximamente visitará las de nuestra región. Llamazares reflexiona también sobre la función terapeútica de la escritura y conforme avanza la tarde fluye su vena más graciosilla. Una anécdota que no podemos pasar por alto es la que nos relata casi al final de la tarde: Cuentan las malas lenguas que los primeros años de José María Aznar al frente del gobierno, los asesores del presidente, le aconsejaron indicar un escritor joven y de izquierdas como referente, por aquello de la imágen, así que declaró a Llamazares como su escritor favorito, a lo que el autor respondió "o no es cierto o no me ha entendido". En unas declaraciones posteriores al respecto, Llamazares indicó que "uno es responsable de sus libros, pero no de sus lectores" (¡Genial!).
La ronda de preguntas se inicia con alagos por parte de un hombre que le leyó por error pensando que leía a otro Llamazares, más político y bajito, y que Julio agradece enormemente, comentando algún episodio de confusiones similares.
Llenazo total, anécdotas divertidísimas y muy buen sabor de boca. Nos encantaría haber podido disfrutar del autor muchas horas más pero la sesión toca a su fin. Nos despedimos hasta el próximo mes con la incognita de quién será el próximo invitado. Volveremos.
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