| Buenos Aires no era para tanto. Primera sensación de la ciudad. 12 horas de vuelo, desconcierto en el aeropuerto sin saber dónde tener que cambiar dinero, dónde estaban los famosos remises. El taxista al ver el hotel me desea suerte, yo dentro de él me la autodeseo. Ascensor con puerta con pomo, frío y una bañera inutilizable. No hay ventana, no hay salida, agobio, llanto. Salto a la ciudad, la Avenida de Mayo no parece tan grande, creo que Independencia tarda más en cruzarse. Florida, tiendas y tiendas pero sin dinero que valga, encuentro cambio. Primera comida, sándwich con pan árabe con jamón y queso (cómo me cansaré de ellos), llamadas varias esperando la salvación. Corrientes sin luces, ni tanto teatro ni atisbo de librerías. Puerto Madero, Puente de la mujer y yo queriéndome ir con cualquier grupo que veo... esas abuelillas se ven tan entrañables... Ando, ando y ando para acabar agotada y así poder dormir tranquilamente. Hay que cenar, hay que comer algo... sándwich de nuevo con el rutinario jamón y queso... mientras ceno la gente merienda. Ciber y emails desesperados al mundo, botellitas electrónicas que esperan respuesta. Música de Amaral sonando en los bares, igual que la última noche que pasé en Zaragoza... al borde de la lágrima, sentimentalismo barato a estas alturas del juego... Domingo. No quedan días de verano... música de Amaral, qué bien suena en estas tierras. San Telmo, choripan, antigüedades, primeras ediciones de Cortázar, libros baratos, y tango, tango en cada adoquín. Biblioteca Nacional a contrarreloj, no consigo nada con tanta presión horaria. Matías, chófer particular que me lleva día tras día a todas las zonas de Buenos Aires. Caminito: una calle y listo. Miseria, pobreza rodeando a esa vereda turística. Recoleta, dinero, centros comerciales y el cementerio. Palermo, parque, jardín botánico. Cine Metro en 9 de Julio: El aura con un Darín que no sonríe pero que no se despega de la pantalla. Lavalle, Corrientes que en días laborables se convierten en hervidero, luces, tiendas, ofertas... esto sí que se va pareciendo a Buenos Aires. Luna Park con sus letras de molde rojas. Última noche en la ciudad. Aprovecho el último día para comprar libros en El ateneo, pero con moderación que el avión no perdona. Aeropuerto de Ezeiza. Despedida de Matías. Vuelo hasta Mendoza. Sandwiches de.... y de postres dulce de leche. Remís hasta el centro. Llego a la habitación... Nostalgia de Buenos Aires. |