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Decía Claudio Maíz (¿será uno de los hombres de maíz?), nombre de uno de los profesores de Literatura Hispanoamericana II de la UnCuyo, que en Europa se tenía la visión distorsionada de América Latina ya que estaba pasada por el filtro de lo real maravilloso y del realismo mágico. Me quedé pensando y comprobé que yo no había sido contaminada; o bien porque soy una mina, chica todavía y no me tocó esa fiebre, o porque mis lecturas han ido por otro sitio. Pero la realidad me puso las cosas en su sitio. Si uno se para (no se levanta, sino que se queda quieto en un sitio o deja de hacer algo) y se pone a pensar, comprueba cómo la porción de la realidad argentina que le ha tocado vivir por ahora está regada de la poción de lo real maravilloso. Tener un taxista propio no está mal, que te venga a rescatar como el caballo del héroe cuando estás huyendo de tus primeros pequeños robos al mejor estilo “Nueve Reinas” va mejorando. El incendio en la Avenida 9 de Julio que hizo que el Obelisco se convirtiera en una enorme chimenea que echaba humo por esa ventanita tiene que hacerte pensar. Los habitantes de este mundo maravilloso te van parando por la calle y te preguntar por tu corte de pelo y te elogian el buen gusto al elegir anteojos. Todo el mundo te pregunta la hora porque acá parece que no es muy necesario tener reloj propio y siempre se puede confiar en la buena fe del otro para que te informe. La cosa se empieza a complicar cuando vos querés saber el trayecto del micro y nadie lo sabe... Así que no te queda otra que subirte en alguno que te da buena onda y acabar en donde el diablo perdió el poncho... en Challao en mi caso. Puede ser muy onírico despertarte con agua a los pies de tu cama, pero cuando empieza a subir por tu espalda y ves que eso no es un sueño sino que se debe al mal funcionamiento de las tuberías que empiezan a soltar lo que no pueden tragar... no es tan divertido. Así que sales a las seis de la mañana con un piyama amarillo y los pelos revueltos y en lugar de encontrarte con el vacío de la casa, te encuentras con un compañero de piso que encuentra el origen del problema pero que te deja 45 minutos achicando agua. En cualquier esquina se puede encontrar rastros de este universo paralelo... ¡PI, PI! ¡Cuidado con el tren de la alegría que pasa por la vereda! Como dice
Chichi (¿en otro lugar una mujer se podría llamar así?)
no te puedes perder el rsosal (hagan un esfuerzo e imaginen una r rehilada)
del parque San Martín. |