La primera novia de Pepe Carvalho, musa delirantemente sexual de Gil de Biedma, café y ginebra leyendo a la Laforet… La Marquesita del Borne . Otra Barcelona.

Paral·lel....El Salto

Este bar huele a añejo, a piel de viejo y madera húmeda, pero mis músicos siempre que acaban la actuación quieren venir acá por el vino que sirven. Cuando alguna vez me he quejado han comprado las botellas y se han ido a tomarlas a casa de Marcelo, el contrabajo, que vive justo al lado. Marcelo es siciliano y prepara la pasta como nadie. Según dice los del sur son los la hacen mejor con pescado. Su especialidad: espagueti con chirlas. Esta noche no hay manera de llevarlos a otro sitio y me conformo, cosa que me cuesta horrores; soy de ésas que siempre se sale con la suya y si no… pues me enfado. Nos sentamos en un lugar apartado. La razón principal es que el dj no se limita a poner discos, también canta. Pone cualquier tema y va cantando sobre él. A mí se me quita hasta el hambre de oírlo. Hoy tenemos suerte; un señor de unos 60 años ha cogido el micro y va cantando, a modo de karaoke, sobre las bases que el cantarín pinchadiscos va poniendo. Son boleros de Machín y el tipo imita perfectamente la voz. Al principio nos produce risitas, pero al rato vemos que lo esta dando todo y que ése es el concierto de su vida, así, entre taquito de queso y sorbito de vino, vamos aplaudiendo su entrega. No sé cómo consigue que del publico suba una Chica para que le haga los coros y encima se los haga bien . A estas alturas nos hemos bebido dos botellas del dichoso vino y Marcelo me saca a bailar. Más que embriagados nos dejamos llevar por la voz de nuestro Machín y el resto de los músicos siguen bebiendo vino y con sus voces lo siguen. El vino sigue llegando a la mesa y en cuanto termina Machín de cantar, nos lanzamos al escenario a tocar más boleros. Le pedimos a la Chica que no se vaya, que me acompañe cantando. A dos voces sobre la tarima, todos menos Marcelo que se ha dejado el bajo en el restaurante donde trabajamos los dos. Daniboy en la guitarra y Quim con la percusión. Las versiones nos quedan un poco raras pero la gente se entusiasma y sobre las tres de la madrugada el dueño nos larga preguntándonos si a la siguiente semana podemos volver. No entraba en nuestros planes pero bueno, el dinero va bien y a mí siempre me han gustado los boleros.

Fin de la noche. Reconozco que feliz y un poco ebria. Pero ahora doy la razón a mis músicos y no veo mejor manera de acabar la noche que tomar este vino añejo tras cada actuación, ese vino que mis prejuicios impedían valorar. Me gusta tanto que el olor a viejo ahora me resulta hasta agradable. Todos los martes el cuarteto de la Marquesita actúa allí. Pasad cuando queráis y probad ese vino. Caldea las almas mas frías.