Chiringuito en la playa de Barcelona. Hace un año…

Djshadow me ha invitado a acompañarlo esta noche en su actuación; él va poniendo las bases y yo canto lo que me apetece, scat o letras al azar, total nadie se fija demasiado en lo que hacemos. En una pausa Alex , una chica nórdica, me abraza y me dice lo mucho que le gusta la música del Dj y mi voz. Se me pega como una sombra y no deja de halagarme. Voy a por un ron y ella detrás. En la barra me da un beso en los labios muy suave; antes de que me meta la lengua la presento a mi marido, que está alucinando con la escena. La noche sigue y ella se pierde ni un minuto, voy al lavabo y ella me acompaña, me asalta, metiendo sus manos debajo de la blusa: "¡Huy!, qué tetitas tienes más monas." Me hace reír, está como una cabra; le pido que me deja salir, que no me van las mujeres. Ella se ríe y dice: "Eso es porque no lo has probado." No se dará por vencida, se le ve en los ojos, ¡qué miedo! Después de muchas copas, no sé cómo, tengo a Alex comiéndome la boca como una loca, ¡huy! Cuando me suelta miro a mi marido. Está blanco como un fantasma. Me acerco a él y dice: “Nos marchamos y hablamos, no estoy preparado para esto.”

Antes de ayer...

Voy acompañada de Marcelo y Danniboy , mi gipsy personal. Salgo a cantar en el London, hay jam session de blues; a la armónica está Armando , un viejo amigo, de los que se hacen de tocar siempre en los mismos sitios. Su presencia me tranquiliza: sé que sabrá llevarme o seguirme según el caso. No como el batería que hay en el escenario, Salvador, que no tiene nada que ver con su nombre: el tío destroza todos los temas. En una ocasión Marcelo por poco no le parte la cara, le dio unas cuantas hostias para provocarlo, pero Salvador se limitó a decir tonterías y salir huyendo con su novia, la groupie que siempre menea el culito delante del escenario. No puedo con ella; colma toda mi paciencia.

Tocamos Route 66 y Alberta ; de este último he cambiado algunas cositas para hacerlo femenino y se lo canto con desgarro a Danniboy, mi niño. Cuando bajo del escenario una chica rastafari me coge las manos y dice:

- Cantas de puta madre, ¿cómo te llamas?

- Marquesita.

- Oye, Marquesita, cántame Stormy Monday.

- Claro, ahora mismo.

¡Ale!, de nuevo al escenario y todos a tocar el Stormy Monday . Ella se emociona y al bajar del escenario me da un beso con tanta pasión que mis labios aún ahora sienten la presión de ese momento. Alex no me suelta, sigue cogiéndome de la mano y diciendo todo tipo de halagos. Vuelve a besarme, creo que ha tomado coca, por como habla y sus gestos; cada dos por tres me da un pico muy excitada. Miro a Danniboy: me sonríe, está acostumbrado a los devaneos de la Marquesita. Sabe que hago lo que me da la gana. Él observa; si algo no le gusta se acerca y dice: "Marquesita, me marcho, mañana nos vemos." Marcelo se ríe a carcajadas y me echa una mirada de "ya la estás liando, Marquesa."

Los dos tocan un tema que canta el niño: I'm a junkie . Alex y yo seguimos charlando en la barra mientras tomamos algo, me invita a unas rayas, vamos al baño. Mientras estoy metiéndome una, me coge por detrás y dice: “¡Ufff, qué tetitas tienes, niña!" Me la quito de encima y vamos a la barra. Pedimos otras copas. No sé muy bien cómo, porque a estas alturas el alcohol ya ha sacado mi hide; me encuentro con su mano en mi culo y su boca de nuevo en la mía. En un momento de lucidez busco a Danniboy con la mirada: está sentado y sonríe igual, me guiña un ojo y entiendo que la situación le divierte. Alex sigue metiéndome mano como una loca, le pido que se controle, pero ella está como ida; no para de decir cochinadas. Cuando ya nos van a largar del bar dice: “Tengo ganas de devorarte. ¿Vamos a mi casa?” Eso sí que no, yo con ella a solas no me quedo; le digo que mi chico va conmigo, pero esto no entra en sus planes: "Me gustas tú, no tu novio; si quiere mirar lo acepto, pero nada de tríos.”

La situación era idéntica. Dos mujeres, hasta se llamaban igual, Alex.

Una nórdica, rubia con carita de muñequita, una niña de veinte años; la otra, rastafari, rondaba los cuarenta, atractiva y muy fibrada: su culo era como una piedra, duro y redondo; tenía mucha más experiencia que yo, tanto en la vida como con las mujeres. Para mi era un juego en las dos ocasiones, siempre me dejo llevar por lo nuevo, como casi todos, cuando nos deja la conciencia.

Dos hombres.

La primera vez él se quedo blanco; mirando fijamente a mis ojos, dijo: “Se acabó, no puedo estar contigo, somos distintos.” La segunda vez él me envió un sms que decía: ¿ Nos lo montamos los 3? Dos reacciones totalmente distintas. Cuántas noches perdidas, no por la música, el alcohol y los cigarrillos, todo lo contrario; mi juventud no tan lejana la he dejado escapar entre esas paredes, con él, el que me lo podía dar todo pero no me daba nada; al que yo le quise dar tanto y no me dejó entregar apenas unas migajas. Dos hombres, el primero me arruino la noche y me atrevería a decir que la vida.

El segundo me dejo ser yo misma. Salimos solos del local, a las tantas, abrazados y comentando a carcajadas la escena con Alex, la rastafari.