Crecí rodeada de música, mi padre primero fué bajista y despues pianista,  en casa siempre sonaba una banda sonora potente y variada. Cualquier estilo tiene para él algo de provecho. No se aún cómo sabía qué poner o tocar en cada momento, pero siempre conectaba con mis emocines,¡ y cómo me enfadaba cada vez que él erizaba mi piel!. Siempre por ignorancia, su música dejaba un hueco que mis herramientas no llegaban a tapar. Sólo la desazón que cuatro notas producían y me dejaban rota. Los días que no lloraba cometía la estupidez de creer que estaba llena de vida, la felicidad, la atontadora felicidad, ella estaba conmigo. Uno o dos días despues, pero qué digo, si con solo un par de minutos de soledad y pensamientos me sumía en una inmensa tristeza, siempre por la vida. Pero eran él y sus discos que hurgaban en mi para que no me detuviera, para que no me conformara. La melancolía se apoderaba de mi,  por lo no vivido, pensaba yo en mi estupidez, ahora la estúpida era yo por creer que añoraba algo del pasado. Lo único que anelaba era la vida.

 ¡¿Pero qué vida?!.
La de los libros, la de las películas, la de las canciones; en unos minutos me ponía tan triste sólo por escuchar. La música me daba unas ganas de caer tan fuertes que apenas podía controlar el vértigo, ni si quiera sentada. Esto es lo que me hacía poner de culo hacia mi padre, su extrema delicadeza al escoger temas que removían mi alma. Me obligaba a conectar conmigo, enseñándome a vivir con el alma abierta de par en par.  Él decía: sentir la vida es la no vida, pon una socarona sonrisa ante ella. Pero la mía era ficticia, fingida, imitaba lo que en algunos momentos identifiqué como alegria. Pero no resulta. La vida no hay manera de vivirla, ni yo ni nadie, podemos fingir y buscar cosas que llenen los huecos y pensar que así se alcanza la felicidad, pero no llegará, porque no existe, no podemos sentirla mas que fingiendo o ebrios.
Y sigo llorando sin saber por qué, sigo buscando y no sé el qué. No lo encontraré. Somos un cuadro inacabado y nos esforzamos por dar brochazos, algunos parecen precisos y del color adecuado, pero es mentira. Solo hay esto, la no vida y el miedo a la pérdida de esos destellos de felicidad o alegría. Ese miedo nos hace aferrarnos a lo cotidiano, lo que llamamos vida, pero que solo es un invento y, cuanto más monótono, más vida creemos tener.
Sigo pensando y continúo con la no vida.
Ahora, por ejemplo, siento que la tengo entre mis manos, que sí vivo y soy " feliz", qué ilusión tan absurda, al menos ahora sé que soy un anhelo continuo, que nada, ninguna pasión podrá darme eso, que solo es un camino que tengo que seguir y soy un monton de vida no vivida.
Lloro para sentir que la felicidad está aquí, en mi pecho, que mi estómago ya no tiene un nudo sino un montón de mariposas revolotendo.
Y vuelvo a la vida, pero la vida es muerte y la muerte es vida, cada día vivo y muero, cada día lloro y río....vivo.
Antes pensaba que si me desligaba de la tradición que me marcaban llegaría la plenitud, pero esta no llegaba por más que me revelaba, por más inventos que probara, por más que me drogara. La vida no es vida y eso es lo único que sé y  por eso hoy termina la búsqueda de la vida y empiezo a no perseguir, al menos así vivo lo que tengo en el camino que sé llegará a un final, ya no temido.
Como me quejé de toda esa música que metió en mi alma, para hoy agradecer con sus mismas palabras que me enseñara la no vida.  Ese camino que hacemos siempre a la deriva, por más que tracemos un millón de planes de ataque o defesa.