| Con alguien hablaba yo el otro día sobre el recurrente tema del amor y las relaciones. Llegó un tercero, masculino, y comenzó a teorizar sobre los diferentes tipos de amores. Estableció una diferencia importante e interesante: les amours necessaires por un lado y les amours contingentes, por otro; unos perfectos y transparentes, otros circunstanciales y fortuitos. Es curioso, pero a mí, que no sirvo para teorizar porque siempre me voy sin darme cuenta a los ejemplos concretos, me encantan las teorías que forman círculos perfectos con alguna que otra intersección. El caso es que tras esta conversación regresé a casa caminando, con las manos en los bolsillos y los guantes puestos –toda una locura cruzar el Sena a pie cuando está medio nevando-. Me quedé con el concepto amores necesarios y ahora soy incapaz de pensar en este tipo de amor sin acudir a este concepto. Entre los tres concluimos que la perfección era por supuesto parte de los amores necesarios, pero teníamos dudas sobre la intersección de la pasión y lo pasajero en estos dos círculos perfectos. Yo no pude decantarme hacia ninguno de los dos: ¿la pasión es contingente y los amores contingentes son pasajeros? La lógica no es lo mío –sigo contando con los dedos-, pero está claro que si consideramos lo anterior la pasión es pasajera. “Cuando le dije que la pasión por definición no puede durar, cómo iba yo a saber que ella se iba a echar a llorar”. La de veces que habré escuchado yo esa canción. Creo que yo también me echaría a llorar, la pasión es necesaria, quizá también en los amores contingentes. Lo que sí es más simpático es el concepto pasajero; no es del todo evidente que el amor necesario no sea pasajero pero lo que me resulta del todo aterrador es vivir un amor contingente no pasajero. Quizá sea lo más común pero no por eso deja de ser aterrador para mí. Ya estaba casi cruzando la place de Chatelet, con las manos en los bolsillos –aún así congeladas- cuando me entró un escalofrío helado. Es verdad, el niño listo del gruyère me lo dice de vez en cuando, “que la gente está muy mal, es que ni se miran a la cara… como para tener pasión”. Y camino a Les Halles me preguntaba si la gente pensaría en la teoría del francés, en les amours necessaires y les amours contingentes, en la diferencia entre vivir en un círculo perfecto y transparente o en un círculo fortuito y circunstancial. |