Demasiada Energía negativa: Yo quiero algo así

“Yo quiero algo así”, masculla, más bien piensa Loreto mientras contempla en la televisión imágenes del entierro de Rocío Jurado.

Loreto tiene quince años y siete meses. Pelo moreno y moderadamente guapa. Loreto está mirando Antena 3 porque ya son las siete de la tarde y ha terminado sus deberes. Además hoy es miércoles y no tiene clases particulares de matemáticas. Loreto ve las imágenes de archivo de la chipionera: antes de que le diagnosticaran el cáncer, lustrosa y hermosa folklórica de manual, cuando hizo la rueda de prensa para anunciar su marcha a Houston, Estados Unidos, a comenzar un tratamiento avanzado contra la enfermedad y las de su vuelta, tras los cristales de un coche, con el rostro demacrado, pañuelo al cuello y gafas oscuras, con la sonrisa enérgica y terrible de la muerte en cada uno de los reflejos que producían el flash de las cámaras. “Estaba realmente delgada. Claro, que ha terminado por morirse, pero... un cáncer no, pero si enfermara con algo del estómago, algo que me hiciera vomitar... cómo se llamaba, hepatitis no...mononosequé...” Loreto sigue absorta en sus pensamientos y las imágenes se suceden de manera maquinal en la pantalla. De pronto una le hace volver atender la televisión: Rociíto, la hija de Rocío, con el aspecto machacado, vampirizada, la piel a tiras sobre unos huesos marcados y todas las vías que marcan las lágrimas abiertas. “Um... seguro que a ésta no le han obligado a comer. Pensarían que estaba muy preocupada por su madre y que eso le había quitado el apetito.” Oye a su madre en la cocina, resoplando, cansada y piensa: “No, sin que se muera. Pero nadie me diría nada si no comía”

Loreto, por si no os lo he comentado antes, está muy delgada, aunque ella no lo ve así. Yo me llamo Adriano, soy su ángel de la guarda, hace cuarenta y ocho meses que ya no murmulla antes de meterse a la cama aquello tan bonito de Cuatro angelitos tiene mi cama. Me llamo Adriano y voy a tener un trabajo muy complicado con esta chica.