Cuando ya no hubo tiempo, ni siquiera en el tiempo que no tuvimos, cuando ya no quedó tiempo, y el ojo giró, cerrado hacia otro lado, cuando ya no hubo tiempo, se oyó el grito enarbolado de los niños, que llegaba hasta aquí, sin horizontes.*
* Cristina Járboles , Limen , Zaragoza, Lola Editorial, col. «Libros de Berna» 17, 2004. |