UN ÁNGEL EN EL DESIERTO por Ana María Pinar y Sonia Remiro

Podría haber sido el París de Catherine, la Roma de Passolini, el Berlín de Goethe, el Buenos Aires de Borges, el Londres de Thomas. Pero es la árida Calatayud quien asiste desde su carnaval de hojas secas a su primera mirada, a su primera comunión y a su primer poema. 17 de Enero de 1961 y ocho años después emigran a la capital. Zaragoza se convierte en su ahora, un ahora en el que la sociedad comenzaba a despertar tras el letargo de una dictadura. Son los años del tardofranquismo.

Un Petisme con inquietudes variadas, un ángel con las alas grandes. La universidad de Zaragoza y una carrera de letras –Filología Hispánica- supone la entrada –por la ventana- al mundo al que quiere pertenecer. Es en estos años cuando publica sus primeros poemas y es también en los años universitarios cuando funda la revista “Narra”.

Poesía y Música, Música y Poesía se abrazan desde el principio. 1983 y el salto que le lleva a trasladarse a la capital de la “movida”; Madrid como un hervidero de artistas y no tan artistas que estallan con ganas de “moverse” y pasarlo bien. La Filología Italiana le sirvió para tranquilizar a sus padres. Y además se dedica también al solfeo, forma un grupo “¿Qué es el optimismo?”, trabaja en lo que sale y vive un momento –los años de la “movida madrileña”- que la generación posterior –nosotros- miramos con ojos de envidia.

23 años. Publica su primer poemario, Cosmética y Terror, que recibe excelentes críticas, sigue en el mundo de la música, Villena lo consigna como poeta postnovísimo (1986), publica su segundo libro de poemas, El Océano de las Escrituras, la música sigue sonando en su tocadiscos, Madrid sigue siendo el pulso de sus creaciones. Las esporádicas colaboraciones en la prensa que comienzan en sus años universitarios en la capital del Ebro, se convierten ahora en colaboraciones periódicas. Y llega su primer disco en solitario, La Habitación Salvaje , que se combina con un nuevo libro, Habitación Salvaje , en un puzzle de palabras y notas musicales. Se condensa de esta forma su creciente interés en estas dos artes que se enlazan en uno de los primeros intentos de libro-disco, soporte que utilizará más tarde.

Y sigue en Madrid y sigue multiempleado, poeta, músico, articulista. Y estamos ya en los 90. 1992, sale a la venta Turistas en el paraíso, uno de sus discos más logrados que le permite dedicarse plenamente a sus proyectos literarios y musicales. Amor y Cartografía en el 93, el disco El Singapur un año después. A estos seguirán libros como Constelaciones al abrir la nevera o el último hasta la fecha, Buenos días, Colesterol ; y también discos como Bailando en campos minados o libro-discos como Cierzo o Buñuel del desierto .

Y sigue con su guitarra, y sigue con su poesía y con su melocotón untado en vino y su aragonés en el armario. Y quizá desdeñe del calificativo ‘social', pero su lírica se compromete y ahonda cada vez más en temas sociales y en cuestiones actuales. No sólo su palabra, también su voz y su persona se comprometen colaborando directamente en proyectos en el Sahara y recientemente acudiendo como escudo humano a Irak antes de que, a pesar de las protestas a lo largo y ancho del planeta, estallara la guerra. Tierra y libertad, luchando por la justicia de los inocentes, criticando ese viaje al centro (¿de qué?) y esperando que las decisiones tomadas, a todas luces equivocadas, se les atraganten en el esófago.

Y sigue con su guitarra y con el petisblog al alcance de cuantos tengan conexión a la red de redes. Tras el último libro de poemas (ganador, por cierto, del premio Sial de Poesía), sale a la venta una Metaphora cocinada a fuego lento entre islas griegas, la plaza del torico y los recitales en la Gran Manzana. Una Metaphora (que, como el poeta explica, es la forma de llamar al ‘autobús' en Grecia: “Voy a coger la metaphora”) que combina ritmos y sabores y que no olvida sus raíces aragonesas con el Himno de Aragón no oficial incluido.

Y sigue en Madrid con su guitarra y convidando a migas a todas sus musas mientras nos guiña un ojo.