Después ya que en la Italia generosa
lugar tomó el primero,
de la segunda pieza en el testero,
al justo dedicado
pone, y su nombre al bronce encomendado,
Jusepe de Ribera, (784-787)
Filósofo emblemático poeta,
pisando la testudo
recogida deidad, con labio mudo,
deleita y persüade
a toda virgen que la ve discreta,
y, callada, aquïeta:
sudando aljófar suelto,
en combate apacible, aunque revuelto,
armada bronce y plata fulminante,
pacífica es Belona; (692-701)
Peligros publicando,
bocina el fauno rompe escandalosa,
que amigable delfín le contradice,
colérico el cristal, si no arrogante;
bizarro a un tiempo, vencedor se aclama,
bien que en sus movimientos sea distante,
natural y violento,
lisonjeando al regalado asiento; (705-712)
De las negras borrascas del olvido
tormentas de la muerte procelosa,
en dos tablas pequeñas,
al cielo dando agradecidas señas,
salen Basán y Alberto,
deste retrete de la fama al puerto: (770-775)
Oribe, al rey de fieras embravece,
pintura fresca la hermosura crece
debajo de los frisos:
guarniciones azules y oros lisos. (811-814)
El casi pez venético marino,
frágiles formas de cristal más fino,
jamás ver pudo imaginar, ni tantas
-incite al fuego el animoso viento–
cual ésta con el húmedo elemento, (715-719)
[“espigar en la mansión [VI]” es lo que está haciendo Prat. Además, hay un verso en el Paraíso : “¡oh cuán bizarro esta mansión festeja!” (857), que es de los pocos sin rima. Desde luego, “Trenza” como “festejo” poético también es algo bizarro.]
de las ondas al pez, con vuelo mudo,
deidad dirigió amante el hierro agudo:
entre una y otra lámina, salida
la sangre halló por do la muerte entrada. (484-487)
Éfire luego –la que en el torcido
luciente nácar te sirvió no poca
risueña parte de la dulce fuente–
de Filódoces émula valiente,
cuya asta breve desangró la foca,
el cabello en estambre azul cogido
-celoso alcaide de sus trenzas de oro–
en segundo bajel se engolfó sola. (447-452)
Inficionando pues süavemente
las ondas el Amor, sus flechas remos,
hasta donde se besan los extremos
de la isla y del agua no los deja. (527-530)
en números no rudos
el primero se queja
de la culta Leucipe,
décimo esplendor bello de Aganipe;
de Cloris el segundo,
escollo de cristal, meta del mundo. (536-541)
Las redes califica menos gruesas,
sin romper hilo alguno,
pompa el salmón de las reales mesas,
cuando no de los campos de Neptuno,
y el travieso robalo,
guloso de los Cónsules regalo. (96-101)
[Alguna “trompa” debió influir en la caída de Troya-Dardania]
[¿Habrá “tiara” o “cítara de pluma” –que está en Calderón ( El mágico prodigioso )–, ya que “fístula” es también “flauta de pan” –lo que completa la sección de “vientos”?: luego hay más música, de Sor Juana [las “máximas, negras, longas...”]
y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama
que extingue, si no infama,
en licor claro la materia crasa
consumiendo, que el árbol de Minerva
de su fruto, de prensas agravado,
congojoso sudó y rindió forzado; (32-38)
aquellas tres oficïosas, digo,
atrevidas hermanas,
que el tremendo castigo
de desnudas les dio pardas membranas
alas tan mal dispuestas
que escarnio son aun de las más funestas (47-52)
la avergonzada Nictimene acecha
de las sagradas puertas los resquicios,
o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios
que capaz a su intento le abren brecha, (27-31)
éstas, con el parlero
ministro de Plutón un tiempo, ahora
supersticioso indicio al agorero,
solos la no canora
componían capilla pavorosa,
máximas, negras, longas entonando, (53-58)
y el prolijo, si blando,
continuo curso de la disciplina,
robustos le va alientos infundiendo,
con que más animoso
al palio glorioso
del empeño más arduo, altivo aspira,
[...] y –ésta ya investigada–
forma inculcar más bella,
de sentido adornada
(y aun más que de sentido, de aprehensiva
fuerza imaginativa),
que justa puede ocasionar querella
-cuando afrenta no sea–
de la que más lucida centellea
inanimada estrella,
bien que soberbios brille resplandores (639-648)
de dulce herida de la cipria diosa
los despojos ostenta jactanciosa,
si ya el que la colora,
candor al alba, púrpura al aurora
no le usurpó y, mezclado,
purpúreo es ampo, rosicler nevado: (743-748)
y el que fue de la esfera
bastante contrapeso,
pesada menos, menos ponderosa
su máquina juzgara, que la empresa
de investigar a la naturaleza? (776-780)
Ignacio Prat (1974) en Para ti
(1963-1981) , Valencia, Pre-Textos, 1983, p. 24.
Treinta de Trenza (Nota de
Daniel Mesa Gancedo)
En 1974, Ignacio Prat (Zaragoza, 1945 – Barcelona, 1982) componía su primera plaquette –nunca
distribuida, según su editor, José Luis Jover–: apenas
nueve textos que oscilaban entre los cuatro versos y las dos páginas
de la única prosa que allí se incluía. El título
de la plaquette coincidía con el del último
poema, éste, intrincada espesura de tres silvas barrocas inidentificadas
(sólo Julio Ortega insinuó algo hace ya muchos años).
Por orden de aparición:
Pedro Soto de
Rojas: Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para
pocos (Mansión VI; citada aquí por la edición
de Aurora Egido, Madrid, Cátedra, 1981).
Luis de Góngora: Soledad segunda , en (Soledades , Madrid, Alianza,
1982; ed. Dámaso Alonso)
Sor Juana Inés
de la Cruz: El Sueño (citado por Poesía
lírica , ed. J.C. González Boixo, Madrid, Cátedra,
2001).
La práctica de la escritura en
palimpsesto es marca pratiana (en la misma plaquette , “Amenaza”
está hecha toda de palabras de una conferencia de Mallarmé).
Publicar hoy, por este medio, un poema como “Trenza” es homenaje a una
manera singular de entender la poesía, es respuesta –por medios
que Prat acaso no llegó a entrever– a la incitación que
acaso rige todo su proyecto: hacer leer de otro modo, convertir la aparente
opacidad en transparencia.
Nota bene : A partir de aquí,
identifico el verso fuente en las ediciones manejadas, transcribiendo
un contexto lo suficientemente significativo (en el mismo color en que
aparece el título de las respectivas obras más arriba).
Las únicas palabras ajenas (o sea mías: DMG) son las que
comentan los versos “destrenzados”, que son pocos, apenas cuatro; van
en negro –por opacas–. Las otras, probablemente, no son de nadie: del
poema.
"Para leer "en profundidad", basta acercarse al texto (con el cursor). A partir de aquí, identifico el verso fuente en las ediciones manejadas, transcribiendo un contexto lo suficientemente significativo para entender el "mecanismo" del poema.
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