SIT Y SU RELACIÓN CON ESPECTÁCULOS ANTERIORES Por Sonia Remiro Como suele ser norma de la casa, antes de que se levante el telón ya han aflorados las primeras sonrisas en las caras de los espectadores. Nos podemos remontar a su espectáculo Terrrific para encontrar el origen de esta búsqueda de la risa desde el primer momento. Allí, actores vestidos como conocidos monstruos y personajes del terror intentaban situar al espectador desde que daba su primer paso en el teatro. Aprovechando la circunstancia de la omnipresencia de los teléfonos móviles y su incómoda aparición en cualquier obra de teatro, Tricicle consigue darle la vuelta y en lugar de ayudarse de un impersonalizado mensaje de atención, crea un gag, en el que mezcla elementos a primera vista tan antitéticos como la música clásica y las melodías de los móviles. Lo primero que llama la atención de este nuevo espectáculo de Tricicle es la temática, nunca se habían centrado en un único objeto para a partir de ahí desarrollar los números. La silla ocupa en su último espectáculo un lugar privilegiado, se hace un pequeño homenaje a este elemento que ya había tenido importancia en algunos de sus espectáculos.Se rescata de ese segundo plano y se convierte en el eje principal de la función. Otra de las novedades de este espectáculo es la creación de unos personajes representados por los tres actores, ya no son tres personajes anónimos que representan a multitud de figuras, sino tres miembros de los Chairwood, la imaginaria familia inventora de la silla. Se muestra una tendencia desde los últimos espectáculos a crear personajes que salgan del anonimato, así en Entretrés conocíamos los nombres de los protagonistas de esa sit-com. Aquí interpretan a la saga de los Chairwood, desde sus orígenes: unos trogloditas que hacen el descubrimiento de su vida. La obra comienza con la visión de tres personajes prehistóricos y su curiosa forma de descubrir el asiento. Los actores aparecen caracterizados, sus cuerpos cubiertos de pieles, una mirada fija al horizonte, así se producen las primeras risas. El cuerpo de uno de ellos parece estar albergando pulgas, dos de ellos comienza la labor de irse despiojando, uno de ellos no tiene esta “ventaja” y los mira con envidia. Los personajes se dividen en grupos de dos contra uno, procedimiento habitual en las escenas en los que aparecen los tres en conjunto. Se distingue a uno de ellos, que será el protagonista de la nueva aventura de este gag, Carles Sans es el responsable de ir a luchar con un monstruo terrorífico a juzgar por los rugidos. Se adentra en la cueva en un lateral del escenario y un muñeco hace de su doble y es vapuleado ferozmente de arriba abajo. Logra salir de la batalla y cuenta lo ocurrido a sus compañeros. A través de los gestos logra escenificar el devenir de la batalla y en un alarde de plasmación plástica la incursión en el interior de la bestia. El guerrero se adentra en su cuerpo, vemos el trascurso de la operación, como va pasando por distintas partes del cuerpo, daña órganos y llega a lo más profundo, “vemos” el corazón latiendo y volvemos a salir de ese organismo recorriendo los mismos pasos pero al contrario. Este recurso –que provoca la risa por lo original del planteamiento de la batalla- lo encontramos en Entretrés . En este espectáculo un escritor intentaba buscar la novela perfecta, se imagina a unos mafiosos que se enzarzan en una lucha cruel en la que vemos escenificados las más terribles torturas. Aparece la presentación oficial del espectáculo, un tributo al objeto que genera toda la obra, una silla que busca la simplicidad pero de un tamaño asombroso. En lo alto de ella vemos a nuestros tres héroes, tras más de 20 años en el mundo del espectáculo bien se pueden permitir una presentación y un homenaje a ellos mismos. No hace falta que nadie nos diga sus nombres, o bien lo conocemos o bien es lo que menos nos interesa, al igual que no conocemos en muchas ocasiones el nombre de la tendera, del panadero, porque realmente lo “conocemos”, forman parte de nuestra vida. Tricicle consigue que nos despojemos de todo nuestro conocimiento previo sobre algo tan elemental como sentarnos y hace que veamos la silla con ojos nuevos y que miremos con atención ese original manual instrucciones y sus posibles contraindicaciones. Parece un homenaje a ese Instrucciones para subir una escalera de Cortázar o a los cómicos Tip y Coll en su labor de explicar como se llena un vaso de agua con traducción simultánea incluida. Un actor en solitario va a ser nuestro maestro, una voz en off-procedimiento preferido por Tricicle cuando tiene que usar la palabra-nos relata las instrucciones “políticamente correctas”. Esta moda del lenguaje afecta incluso a la mímica.Así el actor se referirá a través de alusiones de sus formas más representativas tanto al hombre como la mujer. Primero viene la definición del elemento y los resultados si la ecuación no se cumple. Se intenta ver cuál es la esencia de este elemento, se busca primero la simplicidad extrema, una silla de una sola pata: el estilo flamenco. Curiosa es la paradoja que se produce, una palabra polisémica también lleva a la confusión gestual, el actor la reconoce primero por el significado no válido en el contexto, baila flamenco, hasta que se da cuenta de que la fisonomía de la silla se refiere al animal que se apoya sobre una pata. Nos sorprende lo complicado que puede resultar el uso de este elemento tan cotidiano, hemos mecanizado completamente el proceso pero aquí aparece Tricicle para borrarnos esto de la mente y prestar más atención para la próxima vez que tengamos que utilizarla. En Sit resulta curiosa la vuelta a los orígenes, se da una búsqueda del espectáculo esencial a través de la representación de algunos de los números más significativos del circo, como los platillos chinos, hombre bala... La silla podría parece que tiene poco hueco en este contexto, pero se utiliza como sustituto de los elementos más habituales (pequeñas sillas desafían la ley de la gravedad sobre un palo). Tricicle nos advierte de que nos seamos espectadores inocentes, uno de ellos decide ser nuestro aliado y contarnos la realidad de los trucos. Hay que estar atentos, estas demostraciones de pasarse a nuestro lado pueden estar cargadas por el diablo. Eligen a un personaje bonachón y bobalicón para dirigirse a nosotros, papel que representa Joan al igual que lo hizo en el número Jango de Manicomic . (Un personaje aparentemente simple hace que bajemos la guardia, pero vemos que no todo en él es candor, a la mínima nos interroga de lo que nos estamos riendo o no comprende porqué permanecemos en el teatro todavía). Aquí es el ayudante del maestro de ceremonias que está un poco harto de su jefe-eso adivinamos- y decide contar sus artes secretas. Viendo la aceptación que tiene entre el público decide dar el gran salto y mostrarnos sus habilidades personales. Este circo de Tricicle no posee animales “normales”, un par de sillas sirven para escenificar sofisticadas aves exóticas que manejará el domador a su antojo. Aparece un número que de nuevo nos puede recordar al de Jango por su composición, salen los tres juntos a escena uniformados y con una silla de madera. Esta silla servirá de instrumento musical para seguir una melodía clásica conocida por todos. Un número tan peligroso y espectacular como el del hombre-bala también tiene cabida en la obra.El valiente héroe se encuentra sentado en una silla con ruedas en la que será propulsado media una enorme goma elástica. Perderemos de vista a nuestro hombre bala y de vez en cuando una voz en off nos informará de que ha completado con éxito una vuelta más. Se vuelve a recurrir a la voz para provocar la risa y se selecciona un motivo que se irá repitiendo a lo largo de la obra. Cuando menos nos lo esperemos y casi nos hayamos olvidado de sus andanzas, una voz nos avisará de que sigue volando y tras el desconcierto inicial esbozaremos una sonrisa. Ahora nos encontramos con un número de equilibrismo, aparecen Joan y Paco muy seguros de sí mismos colocando sillas una encima de otra, el nivel no está muy alto, así que se pueden permitir el lujo de presumir de sus habilidades. Pero desde los laterales los “ayudantes” les siguen lanzando sillas, a pesar de la desaprobación y la amenaza cada vez más elocuente de Paco. Cada nueva silla es un poco más pequeña, lo que produce cierta ternura entre el público, conocedor de esto Joan con cada nueva silla emite un chillido similar al que hacemos cuando vemos un bebé o a un pequeño cachorro. Cada silla colocada es un logro para el artista, así se encarga de manifestarlo Joan, que con cada elemento nuevo emite onomatopéyicos gritos “eo”, que al final serán coreados también por el público. La onomatopeya, máxima que concede Tricicle al lenguaje, es ya un clásico del grupo. Este rasgo hace que se distancien de lo encorsetado del mimo clásico y que hagan un humor gestual, mucho más libre que puede permitirse estas licencias. No se llega al abuso de ellas, saben calibra muy bien los momentos en los que son necesarias, hay movimientos que nos inducen a ellas y el público las corea. Es curioso que en un espectáculo donde lo más característico es el silencio, haya algunas onomatopeyas que son marcas de la casa y que los habituales conocen y asumen como intrínsecas del grupo. El público forma parte del espectáculo de forma activa, con Tricicle se rompe esa cuarta pared, ellos se dirigen hacia el público, conocen y estudian su comportamiento y pueden romper todas las convenciones teatrales en el momento en el que se lo propongan. Así vemos a una especie de majorettes y soldaditos de plomo, cuyo manejo de la batuta no es el más experto. Esto y un afán de protagonismo crearán conflicto entre ellos. Buscarán cualquier excusa y motivo para pagarse pequeños empujones hasta llegar a la última gota que colme en vaso. Entonces Joan, que se ha llevado más golpes en este enfrentamiento, decide desquitarse de una vez por todas. Planta cara a su enemigo y busca la ayuda del público para que den ritmo a los golpes que va a propiciar. El público obedece y se siente a gusto en ese papel de dominador de lo que está ocurriendo, parece que dicta el momento, pero es una ilusión pasajera. Cuando el espectador ya está ensimismado e inexplicablemente ha subido el ritmo de los aplausos con el consecuente aumento de los golpes, el golpeado (Carles) devuelve a cada uno a su sitio y echa en cara el porqué de esa crueldad. El público ha tragado completamente el anzuelo y ha actuado cómo ellos habían planeado desde el primer momento. En esto hechos se puede apreciar la magia del teatro y el contacto que se crea con el espectador, el público adopta un papel sin ninguna vacilación y se sorprende cuanto se rompe este hechizo y se vuelve a la realidad. Para que esta transición no resulte tan dura, los actores bajan del escenario y se unen al público para que pague penitencia por lo ocurrido. Eligen a un espectador para que también pegue a Carles, él ya adivina la que le puede venir encima, aunque no tiene escapatoria y tiene que aguantar el chaparrón. De nuevo podemos volver a espectáculos anteriores, en este caso Slastic donde los dos mismos protagonistas (Joan y Carles) bajan al patio de butacas y ponen en la difícil tesitura de elegir entre uno y otro al espectador, que irremediablemente , haga lo que haga, se llevará una paliza de ambos. Comienza ahora el segundo bloque temático; disfrutaremos la visión de Tricicle sobre un patio de butacas. Tiene una función polivalente, así bien será un cine, un teatro, una sala de conferencias, incluso una iglesia. Nos muestra la sala de butacas que puede pertenecer a cualquier cine, pero en seguida olvidaremos esa apariencia para ver circular en ella personajes en los que veremos reflejadas muchas de nuestras actitudes. Tricicle tiene eso, es un observador que se nutre de la persona corriente, del viandante y analiza sus gestos más peculiares para llevarlos al teatro y hacer que pensemos que nos estamos riendo de los defectos del otro, incluso admitimos que nos reímos nosotros mismos, que también albergamos ese niño todavía dentro y somos capaces de iguales locuras, o eso al menos es lo que nos gustaría creer, que pon un momento somos ese personaje que representan. “Nosotros vamos por la calle y vamos diciendo: fíjate este cómo anda, y a veces nos ponemos a andar como él. Así como te fijas, por ejemplo, en los personajes de Lubitsch,nos vamos fijando también en personajes reales y nos decimos:¿te acuerdas de tal? O vamos a hacer un carnicero, peor acuérdate de aquel que vimos en aquel momento” (El Público, 1983) Carles equipado con su bolsa de palomitas irrumpe en el patio de butacas, poco tiempo estará solo ya que Paco, se sienta a su lado. Comienzan los problemas entre dos personas obligadas a compartir una parcela de terreno en la que no está estipulado qué apoyabrazos corresponde a quien. Primero con timidez pero luego con toda la fiereza posible se produce una lucha codo a codo por la posesión del antebrazo. Puede que a nosotros, espectadores habituales de cine nos haya ocurrido, lo más probable es que nos sintamos descubiertos al ver que no es solo una actitud o pensamiento propio, sino que el resto también se ríe, con lo que nos hace sentirnos más cerca de nuestro compañero de obra. Aparece el tercer personaje, el acomodador, que lejos de intentar pasa desapercibido recogerá la basura con un potente mini aspirador que incluso atraerá a los dos clientes hacia él, mostrando una eficaz expresión corporal. Joan que antes había hecho de acomodador ahora se convierte en un espectador más, también conocido por los anteriores.Representa a ese espectador que siempre llega tarde y que casualmente ocupa el último lugar de la fila obligando al resto a levantarse o sufrir sus pisotones. Comienza la película, se escucha la versión original de Lo que el viento se llevó , la elección de estos detalles nunca se produce al azar en los espectáculos de Tricicle, la escuchamos en inglés para evitar posibles conflictos entre las lenguas en las que se mueven, al igual que vemos ondear una bandera de Europa en la obra Entretrés . Saben que sus gestos quedan grabados y no quieren participar en ninguna polémica, por lo tanto intentarán trabajar hacia el lado más seguro, sin buscar mayores complicaciones. La luz se apaga repetidamente y con cada apagón se nos va alejando cada vez más de ese escenario originario para llevarnos a todo tipo de situaciones. En este número podemos observar varios temas que aparecen fraccionados, intercalando unas situaciones y otras. Así de repente con la luz, nos veremos inmersos en un partido de fútbol en el que los espectadores, perfectamente ataviados celebran enérgicamente las victorias de sus equipos. Con nuevos apagones aparecerán nuevas situaciones intercaladas, pero de vez en cuando se volverá a los temas primeros. Cuando de nuevo veamos el campo de fútbol, nos encontraremos con los mismos espectadores insultando al árbitro, por lo que seguro es una injusta sentencia. Un apagón y un cambio radical, nos encontramos con tres feligreses que asisten no con mucha convicción a misa, ahí los dejamos con los “ejercicios aeróbicos” propios de cada celebración.(arrodillarse, levantarse, sentarse...) Volveremos a este escenario más veces, en cada nueva visión se siente el agotamiento por el esfuerzo realizado, hasta el final en el que nuestros tres protagonistas ya no pueden más y se quejan pesarosamente de las agujetas producidas por tanto movimiento. Parece que en este número aprovechan para sacar su línea más crítica y ácida pero sin llegar a ser molestos, siempre en el límite exacto en el que ninguno pueda sentirse ofendido. Ellos plantean las situaciones y si alguien ve malicia en lo expuesto es porque él mismo se adentra por ese camino. Así en la nueva escena ridiculiza esas densas obras de teatro, ante las cuales los espectadores no saben cómo deben actuar exactamente. Llega el final con la críptica frase “los cipreses siempre mueren de pie” ante la cual hay quien se queda estupefacto, con los ojos como platos, hay quien se toma su tiempo para reflexionar sobre lo acontecido y decide aplaudir, aplauso al que se sumará su compañero de butaca, en un intento de pasar desapercibido. Puede que esto sea una pequeña crítica contra aquellos que siempre les han acusado de que sus espectáculos no tenían mensaje. Ellos siempre han declarado que su único objetivo era simplemente el de hacer reír-¡simplemente! Con su estilo sin caer en el humor grueso. “Nuestro interés está en hacer reír por hacer reír, única y exclusivamente.Nosotros no vamos a buscar ningún fondo, ni tenemos ningún tipo de trasfondo, sino que estamos buscando un equilibro en un humor determinado, que necesita también de un ritmo propio , que el público, después de esa hora y media, sin que nosotros hayamos caído en la horterada, ni en lo grotesco, ni en humor fácil y barato, se haya reído y se haya divertido.” (El Público, Diciembre 1984). Quizá los que acusen a Tricicle de no tener un mensaje, esperan encontrar un alegato claro y directo, una defensa de algo, pero ese no es el estilo de Tricicle, hay que saber buscar en las situaciones y así sabemos que podemos ser observados y analizados por la lupa triciclera, y que aquello que teníamos como pensamiento propio, como algo de nuestra personalidad, se refleja en el escenario como algo común a todos los mortales. Nos deja un sentimiento agridulce, por una parte somos conocedores de que nuestros miedos, nuestros defectos no son únicos, por lo tanto sensación de alivio. Por oro, que no somos originales en muchos sentidos, con lo que nos desilusiona un poco. Pero todo esto provoca que nos sintamos un poco más cercanos e iguales al resto. En esta línea de parodia la pedantería, en el nuevo apagón nos sitúan en una “interesante” conferencia: La psicología de la llama en cautividad. Las intenciones de los tres asistentes parecen buenas en un primer momento, pero a medida que avanzan escenas vemos que el sopor es insoportable y que ya las posturas son cada vez más despreocupadas. Volvemos de nuevo al mundo del deporte, parece que no quedaron todos los recursos explotados después de realizar un espectáculo completamente centrado en el mundo del deporte como era Slastic . Aquí lo vemos en un partido de tenis, en el que algo falla en la coordinación de las cabezas siguiendo las bolas, parece que hay un espectador que no se ha enterado muy bien de donde está y la sigue a su libre albedrío. Más difícil todavía parece poder seguir la trayectoria de la bola en un disputado partido de ping-pong, velocidades supersónicas y buena resistencia de cuello para poder seguir todos los golpes de la pelota. El final del sketch parece llegar, nos volvemos a situar en el cine, ante un final lacrimógeno en el que todos lloran desconsoladamente, pero se resisten a ocultar sus lágrimas. Al final uno a uno van abandonando el escenario repitiendo algún gag que se produjo al inicio. Vemos ahora otro bloque temático, una situación que nunca consideraremos como cómica cuando somos víctimas de ella: la consulta de una dentista. Aprovechan los momentos de espera, la realidad aséptica y monótona de esos lugares donde el miedo o el nerviosismo está siempre presente, para hacer una parodia que nos recuerda al número del sofá de una tarde de domingo en Entretrés o las esperas interminables esperas en los aeropuertos de Exit . Se recurre a la imaginación, se convierten en niños que buscan la fuga de la realidad. El primero en llegar será Carles, que se sentirá avergonzado al ver el ruido que provoca el asiento en el que se encuentra. Este pudor será pronto olvidado y lo convertirá en una arma que utilizará contra los nuevos visitantes. En lugar de avisar y poder evitar un mal trago a los otros, la picardía mueve a que pasen por lo mismo pero ante la presencia de un espectador que se conoce todos los trucos. Una vez que han pasado por el mismo trance, entre los tres hombres se ha creado un sentimiento de compañerismos que nos llevará a buscar fantasías comunes. Empezarán a buscar debajo de los cojines donde encuentran elementos de lo más inverosímil, como una peluca de mujer, que provocará que el sillón y la lámpara se conviertan en el secador de una peluquería, donde se realizará la manicura de manera “tradicional”, a bocado limpio. A continuación la silla sí que se va a convertir en elemento de terror, se convertirá en una silla eléctrica que dejará mal parado al pobre de Joan. Tras sufrir una descarga, Joan quedará petrificado y será empleado por sus dos compañeros para emprender una pelea entre ambos. Se realiza aquí un puro ejercicio de teatro gestual en el que van modificando a su antojo la expresión corporal y gestual de un elemento sin vida, como es Joan. Insultos, malos gestos, expresiones que parecen estar llenas de sentimientos son realizadas por un cuerpo inanimado. El número tiene su apoteosis final cuando el cuerpo de Joan es utilizado como representación de Cristo en un paso de semana santa. Joan será colocado y será paseado ante la mirada de dos cofrades, uno de ellos llevando al extremo su devoción, empezará a cantar una saeta (Ayyyyyy Ayyyy). De repente la fantasía se rompe y es llamado por el doctor a consulta, con la consiguiente burla de los demás, ya que esos lamentos que antes profería se convertirán en realidad. Se acabaron los números corales y a continuación se verá un solo de Carles, como ya ocurriría en Exit , donde encarna una señora de la limpieza del aeropuerto que sueña con poder pilotar algún día uno de esos aviones. Aquí se vuelve a repetir esa composición onírica, que un mendigo se sitúa en medio del escenario arrastrando un destartalado asiento de coche que convertirá a través de los gestos en un magnífico descapotable que todos podremos ver. La representación del coche no puede recibir otro calificativo sino el de eficaz, y que sin darnos cuenta cada uno de nosotros estamos vislumbrando el automóvil guiados por los movimientos del actor, a través de los cuales y rizando el rizo veremos el ambientador de pino. El último número como tal lo protagonizan Paco y Joan y unas sillas que adoptan la figura de ovejas. Este número es introducido por un pequeño gag, en el que un ejecutivo snob posee una silla con tapicería de piel de vaca. Este elemento a continuación se convertirá en un animal de verdad ordeñado por un pastor. En escena ahora aparecen un pastor y el perro encargado de realizar las labores de cuidar a las ovejas, oficio en el que tendrá que ser educado por su cuidador y que no resultará tan fácil. Joan en este caso es el que se animaliza y el que nos hará ver lo ridículo que pueden resultar algunas acciones que tenemos con los animales, ¿qué pensarán de esa costumbre de lanzar una y otra vez el mismo objeto? ¿Cuál es su finalidad? La obra llega a su final, no será un final brusco sino que nos irán recordando los momentos álgidos del espectáculo. Probablemente aquí es donde falla más la estructura del espectáculo, el público no sabe muy bien cómo actuar ante la continua sucesión de gags recordatorios, si aplaudir, si volver a reír. Parece que es algo frecuente, en Terrrific se buscaba la efectividad, la apoteosis final un poco forzada tal vez, Tricicle 20 si que dejaba un buen sabor de boca al ir a casa con la certeza de que has visto un número clásico ya del teatro y humor actual, el número Jango con la inolvidable canción “Soy un truhán, soy un señor ”.
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