UN DÍA CUALQUIERA
Un día cualquiera es la fecha elegida por la protagonista de la obra para suicidarse. Y es que los verdaderos suicidios, los más valientes según ella son esos en los que todo transcurre como siempre hasta que llega la hora. Pero el suyo no va a ser un día corriente. Sus planteamientos son continuamente saboteados: lo primero de todo es dejar una cinta póstuma a su ex-marido para contarle todo lo que piensa, que lo quiere, que no... pero por lo menos para dejarle con unos buenos remordimientos de por vida. La grabación de esta cinta se verá interrumpida por continuas llamadas que buscan a una prestigiosa psicóloga-vidente afamada en Japón para que solucione sus vidas. Paradójicamente el teléfono al que llaman es el de Julia, la protagonista, ella sí que sabe cómo solucionar su vida, de la manera más drástica. Visto lo imposible que resulta hacer entender a los pacientes que ella no es la persona a la que buscan, decide aceptar el nuevo rol de doctora y escucharlos. Todos tragan el anzuelo hasta que se encuentra con la horma de su zapato, una mujer actual, con las ideas claras y éxito laboral pero que lo único que quiere es desaparecer del mapa. Entre Julia y ella pronto se desarrolla la empatía y la primera trata de salvarla, intentando al mismo tiempo salvarse a ella misma. Gracias a este reflejo de su problemática, Julia se da cuenta de lo absurdo de sus problemas, del hermetismo en que cada uno de nosotros vivimos, y descubre las ganas de vivir y ser feliz. Pero parece que ha llegado demasiado lejos y si la sociedad tolera a una perturbada que pretende acabar con su vida, teme a otra que intente vivir con ilusión la realidad. Un día cualquiera es la comedia escrita por Darío Fo y Franca Rame. Este montaje del Teatro de la Estación se apoya en tres actores: Laura Plano, Jesús Bernal e Ivonne Medina. Tres únicos actores que se desdoblan para mostrar todos los fantasmas que habitan en nuestra sociedad: soledad, depresión, incomunicación... Los personajes con estos problemas buscan cualquier tipo de solución para acabar con ellos, algo a veces tan simple como encontrar a alguien que los escuche y no les juzgue. Y nada mejor que una publicista que se dedica a vender la ilusión de que con sus productos la vida se hace más fácil, ahora ella convertida en su propio producto. |