la historia continúa

 

Es un comienzo prometedor fueron sus palabras exactas. Lo escribió también sobre el espejo del recibidor haciendo gala de su quinto sentido, sabía que tendría que escucharlo varias veces para creerlo y no importaba si con su voz o con la mía. Los extremos siempre han sido mi lugar de navegación favoritos, pero esta vez, si de verdad quería hacerlo bien, tendría que buscarla, no importaba dónde y no sabía si todavía vivía, pero era completamente esencial en esta aventura.

Alegría Mandala. Zaragoza, 22 de febrero de 2004

 

Me armé de valor y me puse frente a la máquina de escribir para purgar todas mis culpas y todos mis pecados atrasados. Solía engañarme a mí mismo diciendome que había abolido la idea de pecado, lo había escuchado en alguna película y lo había hecho mío. Todavía no había logrado un método para escribir que conjugara el ritmo de mi pensamiento y el de mi escritura, debía sincronizar ritmos y medidas, y debía aclarar un poco todo lo que quería decir con ese "comienzo prometedor". Suponía que ella tenía mucho que ver en el asunto, su huída a media noche mientras yo tomaba una ducha me dejó más que desconcertado. Empezaban a mezclarse peligrosamente mi historia y la suya, mi ficción y su realidad.

Julio Puig. Huesca, 26 de febrero de 2004

 

Miles de preguntas se agolpaban en mi cabeza desafiando mi estabilidad y mi calma. ¿Dónde en aquellos momentos su sombra errabunda estaría vagando? ¿Dónde se hallaría su cuerpo amado? ¿Bajo qué cielo su espíritu indómito estaría volando?. Quizás estuviese arrastrando sus pies cansados entre adoquines maltrechos, desprendidos del pavimento. Tal vez su sombra estuviese en aquel incierto momento difuminándose con la luz macilenta de una farola. O puede ser que en estos instantes estuviera abriéndose camino entre la maleza y las altas hierbas de un vasto campo. Quien lo sabe. Qué más quisiera yo que no fuera completa ignoranacia lo que me cecara respecto a ese "comienzo prometedor" que ella temerariamente ha emprendido alejándose de mí. Nada más desearía que poder seguir sus pasos corroborándolos con mi huella. Sólo una pregunta acapara mi razón, abrasa mis labios y me consume por dentro: ¿Dónde estará?

Marta Quintín Maza, Zaragoza, 14 de Marzo 2004

 

¿Dónde estará?¡¡Dios!!Mientras mis pensamientos volaban mi dedo índice se introdujo entre las teclas r y t del teclado provocándome un agudo dolor en la uña que ni el chorro del grifo pudo calmar en un buen rato. Decidí ponerme en marcha y buscarla, lo cual significaba salir al mundo exterior y enfrentarme a una realidad de olores, gesticulaciones e ideas mal expresadas. Agarré la Remington (una máquina clásica y valiosa, parida en el siglo XIX, la original, no la mía que era una más moderna) y me propuse conseguir a cambio unos euros que hicieran mi búsqueda más efectiva, y rápida. Antes existían las casas de empeño, y podías recuperar los objetos allí dejados. Pero ahora estas habían desaparecido, y solo quedaban las tiendas de segunda mano, criaderos de polvo, engañabobos, pues normalmente pagabas más por un objeto usado de lo que valía realmente si fuera nuevo. Tendría que decir adiós para siempre a mi Remington, puesto que no duraría ni un par de horas a la venta. Pero así de cruel es todo ahora. Antes había esperanza de regreso, en cambio el presente solo trae malos augurios para el futuro. Entonces supe que nunca volvería a verla a ella, no a la máquina si no a la mujer. En un arranque de ira arrojé la máquina de escribir a través de la ventara y el estrépito que produjo en la calle me convenció que lo mejor era poner pies en polvorosa y salir de aquella prisión que era mi casa.

Santiago Jurado, Zaragoza, 25 de Marzo de 2004

 

Justo en el momento en el que me disponía a salir sonó el timbre. ¡Horror! Me imaginaba a un señor con la Remington incrustada en la cabeza, pidiendo explicaciones y una gran indemnización. Así que, me acerqué de puntillas a la puerta para no hacer el más mínimo ruido y pensando en lo rápidamente que habían averiguado el piso y puerta desde donde había caído la máquina. LLegué hasta la entrada, me aproximé con mucho, mucho sigilo a la mirilla de la puerta, conteniendo la respiración, cerrando despacito mi ojo derecho. "No, no, con el otro..." Cerrando el ojo izquierdo y abriendo desmesuradamente el ojo derecho...¡Dios mío! ¡Estaba allí! ¡Era ella! No podía creerlo, casi se me cae el ojo que tenía abierto. Tragué saliva, dí gracias al Altísimo y abrí la puerta. -Buenos días, ¿te marchabas?-preguntó Laura quitándose la gabardina blanca mientras se adentraba hasta la salita donde yo solía escribir.

Beatriz Gómez Buil, Zaragoza, 28 de Marzo 2004

 

La hubiera matado allí mismo. Hubiera saltado sobre su cuello y mordido su carne hasta hacerla sangrar, hasta que se quedara tan vacía como yo lo había estado todos estos años tras su marcha. Sin embargo no lo hice, me limité a observarla con indiferencia desde el quicio de la puerta. Su perfume dulzón había impregnado cada rincón de mi casa, era como si ya no me perteneciera, como si de nuevo Justine me lo hubiera arrebatado todo. - ¿Por qué demonios has vuelto? Dejaste bien claro que lo nuestro había terminado. ¿Quieres que repita textualmente tus palabras? - No te molestes - Contestó regalándome una sonrisa tan falsa como sus pestañas - Ya sabes que tengo buena memoria. - ¿En serio? Me sorprendes encanto, pensaba que en tu rubia cabecita no había espacio más que para la traición. Justine encendió un cigarrillo, el resplandor del fósforo iluminó brevemente el rostro que amé en el pasado. Tiró el humo hacia un lado y clavó sus ojos achinados en los míos. -No hace falta que te diga por qué estoy aquí. Supongo que es fácil de adivinar.

Ángela Morales, Huesca, 1 de Abril de 2004

 

La observé detenidamente, allí estaba ella, con una sonrisa como si no hubiera pasado nada, como si todo fuera igual que hace un tiempo. Estaba claro que tras esa sonrisa había algo oculto que terminaría por darme más
dolor de cabeza que mi habitual resaca. La curiosidad pudo más que las ganas de echarla de la casa recordandole sus últimas palabras y pase a preguntarle el motivo de la vuelta.

- Si tan segura estás de que sé el motivo tambien sabrás la respuesta, igual que deberías saber que en mi casa no se fuma.
Mientras decia las últimas palabras le quité el cigarrillo, no sin antes rozar intencionadamente su mano con la mía, estaba helada y temblorosa, en esta historia había algo que empezaba a no gustarme. Tras esa cara de aparente seguridad se encontraba aterrada, quizás con alguien que no la conociera funcionara su máscara de falsa seguridad pero a mi no podía
engañarme. Ese simple roce me paralizó el habla y de forma irracional e inconsciente salió de mi boca un rotundo.

- Pongámonos en marcha, si sabías que al final me convencerías, ahorrémonos las palabras y las disculpas.

Tasios, cyberespacio, 2 de Abril de 2004

 

Salimos a la calle y un solo pensamiento ocupaba mi mente además del reproche interno por haberla dejado ganar de nuevo. Me había desestabilizadocompletamente, es increíble el poder de ese ser, cinco segundos a la vista y mi mundo ya de por sí desastroso hace una pirueta mortal y se vuelve indescifrable.

Marcia Langa, Zaragoza, 2 de Abril de 2004


¿Justine?. ¡No me lo puedo creer!. ¿Justine?, ¿cómo que Justine?, ¿no hemos quedado en que se llama Laura?. Todo esto no tiene ningún sentido, si sigo así no acabaré esta maldita novela nunca. ¡Y ese condenado taladro no me deja pensar!.
Veamos, únicamente tengo que concentrarme, concentrarme, concentrarme..., ¡CONCENTRARME!. ¡Si no dejan de hacer ruido haré que se coman el taladro!. Tal vez con un buen bocadillo vea las cosas más claras, y si esto no funciona me daré a la bebida. ¡Hubiera sido más fácil seguir los consejos de mi madre!. Parece que todavía oigo el sonsonete – Hijo, mira tu primo Felipe, con sus oposiciones ganadas lo bien que le va, y tú, ¡escritor! ¡el señor quiere ser escritor!. Pues te voy a decir una cosa, de eso no se come. ¡CONCENTRARME! ¡Eso es lo que tengo que hacer!

Ángel Andreu,Zaragoza, 2 de Abril de 2004

 

Justine, Laura… ¿qué importaba eso ahora? Ella lograba siempre confundirme. Con su estúpido flequillo francés y la gabardina raída que me había dejado robar aquella fatídica mañana de abril, esa femme fatale tenía la extraña facultad de tensar mis nervios, ya de por sí destrozados. ¡Mierda! ¡Ésta puta Remington! ¡Cuándo más la necesitaba! Sí, eso es, vamos, concéntrate Torrente, olvídate del taladro y del primo Felipe. No sabía adonde nos dirigíamos pero ella, adivinando mis pensamientos (¡Qué bien me conocía esa zorra!), me tendió una caja de cerillas en cuyo reverso era fácil entrever un nombre que, instantáneamente, trajo a mi mente un montón de recuerdos agridulces (como el cerdo que me acababan de traer del chino de enfrente): Club de carretera Polvo-Express.

Fernando Medrano, Zaragoza, 2 de Mayo de 2004.

 

Mientras observaba la caja de cerillas que ella me tendía una ingente cantidad de recuerdos me golpeó con crudeza. En mi memoria comenzaron nítidamente a desarrollarse los acontecimientos imprevisibles que propiciaron nuestro irremisible encuentro hace unos cinco años. Yo tendría unos 25, al igual que ella y acababa de iniciarme en la caprichosa tarea de las letras e intentaba conjurar a la esquiva musa que me rehuía burlándose de mi torpeza. En busca de inspiración iba yo aquella mañana por las calles de la sin par Zaragoza... cuando al final de la calle... la vi por primera vez. Parada junto a la catedral de La Seo miraba curiosa la puntiaguda torre y los azulejos mudéjares blancos, verdes, azules y amarillos. No parecía turista pero tampoco oriunda de aquí... en realidad parecía no pertenecer a ningún lugar y andar vagando por el mundo buscando algo ambiguo. Me cautivó de un modo irrefrenable con su pelo rubio, su flequillo, sus inquietantes y oscuros ojos achinados, su forma de moverse, de mirar, de soreír ladinamente... a partir de esa primera visión todo fue como una pesadilla rodada que ni siquiera ahora alcanzo a comprender... esa mujer diabólica y angelical a la vez me atraparía a partir de entonces en su historia, me haría perderme en el maquiavélico y retorcido laberinto de su mente, mente arrolladora como su personalidad e inteligente... rabiosamente inteligente y sagaz con la que consiguió hacer conmigo lo que quiso, entretejiendo para siempre nuestros destinos y marcando mi insulsa vida con su fascinador influjo.

Marta Quintín, Zaragoza, 12 de Mayo de 2004

 

Me acerqué mientras ella observaba curiosa La Seo, comencé una de mis estupideces. En realidad no te creas lo que dicen los libros sobre La Seo-le dije-, yo te contaré la verdad.

En ese momento inventé una absurda historia, ella se reía, se reía mucho. Le propuse hacer una ruta turística por la ciudad, con explicaciones gratis y particulares de todos los secretos que aquí se guardaban. Así comenzó todo, aquí comenzó el descenso sin rumbo hacía mi muerte en vida. La última parada de la ruta improvisada-turística fue mi casa, bueno la que había sido casa de mi abuela y que tras su muerte me dejó. Seguía decorada tal y como a ella le gustaba, con su sofá comprado en el 74, su cocina del 82; a mi abuela le gustaba enumerar con orgullo, como si de un coche se
tratara, cuando lo había comprado y como todavía conservaba todo intacto, no como ahora, que las cosas no duran. Así era como concluía aquella mujer de pelo blanco su ruta turística a través de aquel particular museo. Como ven, en la familia sentirse como un guía turístico va en la sangre.

La llevé a aquella casa y emulando a mi abuela, le guíe, enseñándole cada rinconcito, como si de el mismísimo palacio de Versalles se tratara. Ella reía y con su voz, su voz susurrante, hacía comentarios inteligentes, llenándolo todo. Concluimos la visita en la cocina del 82, sentados en unos taburetes del 77 frente a un café de esa misma mañana.

Todo esto fue antes de saber que esto iba a conducirme al desastre.

- Debería irme-. Articuló quebrándosele la voz…
-Deberías quedarte-. Dije en un arranque de valentía.

Se quedó, para poco después marcharse... Tras su marcha, me dedique a la búsqueda absurda…Y al igual que Tom Waits buscaba a Suzie Marlango entre los jerséis de angora para ver si ella se escondía allí, yo no podía evitar mirar dentro de todas las camisas de cuadros, igual que la que ella se colocaba sobre su cuerpo desnudo cada mañana al levantarse…

No la encontré escondida dentro de ninguna camisa, ni sentada sobre aquel sillón del 85 que tanto le gustaba, sillón vacío desde entonces y sobre el cual ella había dejado ahora la gabardina blanca…parecía que irremediablemente todo volvía a su sitio. Subimos al coche, y cogiendo la N-102 fuimos al Club de Carretera Polvo-Express, al llegar allí, me dijo, que lo entendería todo.

María Calleja, Zaragoza, 18 de Diciembre de 2004

 

- Coge la primera a la izquierda… no, a la derecha, a la derecha… ya te lo has pasado.

- Cariño, si me dices izquierda yo giro a la izquierda.

- Calla, ahora hay un desvío.

Empecé a dudar de todo el asunto cuando me di cuenta de que ni era la N-102 –es cierto que tiene un pésimo sentido de la orientación- ni era un club de carretera. El peliculero “allí lo entenderás todo” que me soltó mientras yo cerraba con llave la puerta de mi apartamento me iba rebotando una y otra vez. Evidentemente no entendía nada. Estaba en medio de una carretera comarcal, sin Polvo-Express y ella con una gabardina blanca de otro tiempo. Cuando fui consciente de cómo iba vestida empecé a sospechar de sus capacidades mentales.

Pedro Ventura, Málaga, 29 de diciembre de 2004

 

Y asi eran la pistas. Y ahora aqui sentado en mi apartamento, con la puerta cerrada y mis pensamientos dandome vueltas taladrandome el cerebro me acribillaban los recuerdos, los detalles de ese ultimo encuentro como dardos a su blanco. La ventana de mi sala un eclipse con el sol desbordandose por las orillas de la cortina roja. Mis dedos tiezos por el frio o por la artritis prematura, ya ni se'. Pero el dolor hace fluir mi lucidez, vizcosa y dulzona como el perfume de la nuca de Laura-Justine. Cual era el nombre que le gustaba que yo le llamara? A Gema le gustaba usar peluca roja. Recuerdo sus labios carnosos, prometedores de climaxes y de secretos compartidos a la mas minima provocacion. Parecia ser un ser inteligente, misterioso y lleno de propositos segundarios, tramas de operaciones secretas y juegos de control mental y feminista hasta la muerte. Pero no. Tambien la locura lleva al egocentrismo y la espontaneadad. Me fui dando cuenta que todo era mas sencillo. No es que actuara por causa de un plan supremo. Laura-Justine (y en ocaciones Gema) no tenia control de sus actos, sobre lo que hacia, decia o transmitia. Y yo captivo de su belleza y de mi espiritu poetico le di vida a un ser que no existe. Cuando su hechizo fue cayendo poco a poco y su perfume diluyendose dentro de mis neuronas y fluyendo por las llamas de mis dedos me pude apartar de ese sentimiento y verlo todo desde una tercera persona, desconectado de mis pasiones y necesidades de creer. Su vestimenta bajo la luz del dia y a medio que iba pasando la aceptacion de lo que se considera ‘moda' ya se veia fuera de contexto. Su pelo rubio de botella, sus pestan~as postizas, sus lasios con piquete de avispa, gabardina blanca impermeable y botas de rojas se veia como una actriz de teatro a mitad de vestir para la proxima escena, sobre maquillada y gesticulaciones exageradas. Cerraba y abria los ojos desesperado para projectar su imagen en mi mente una vez mas y esta vez con mas nitidez.

Marlies Caspari, USA Florida Septiembre 28, 2005


 

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